Boca visitó el Morumbi buscando tomar la iniciativa en un cruce clave para su objetivo continental. Aunque el estadio histórico de Boca guarda recuerdos de títulos en Libertadores, la noche en São Paulo tuvo un valor particular para el equipo de Rodolfo Arruabarrena: un nuevo golpe de autoridad en territorio brasileño. El 1-1 final dejó al Xeneize con la clasificación a las semifinales de la Copa Sudamericana, donde aguardará Vasco da Gama, verdugo de Independiente Santa Fe.
Desde el inicio, el conjunto argentino asumió el protagonismo: tomó la posesión, liberó a los carrileros y buscó jugar lejos de su arco para encaminar la serie. En ese período, Boca fue superior a su rival, que arrancó desconcertado y sin encontrar la manera de imponerse.
Leandro Paredes manejó los hilos con criterio y, cuando no encontraba huecos por el medio, optó por cambios de frente para habilitar a Lautaro Blanco o para enviar pases directos a Merentiel. Alan Velasco apareció suelto detrás de Merentiel, intentando enlazar juego, aunque en varias ocasiones terminó retrasando la acción y buscando opciones por los costados.
La expectativa de Boca era la de llevar la serie a los penales, pero la visita dejó claras dudas en la definición y no logró convertir ese momento favorable en una ventaja clara. Por su parte, São Paulo parecía descolocado por momentos, pero se acomodó tras la pausa para hidratación y tomó ritmo para intentar reaccionar.
La primera mitad transcurrió sin sobresaltos mayores para Montero y Boca contó con el respaldo de unos 1500 hinchas que llegaron hasta Brasil y se hicieron escuchar desde una de las tribunas. En contraposición, cerca de 50.000 brasileños acompañaron al local con un silencio que reflejaba la falta de fluidez en su ataque.
El entretiempo dejó una postal: São Paulo tardó 19 minutos en volver a las acciones, mientras que los jugadores de Boca permanecían activos sobre el césped. Dorival Júnior tenía más tareas para corregir que Arruabarrena, y el local salió con mayor empuje en el tramo final, acercándose a Montero y empujando a Boca hacia su propio arco, que priorizaba la contención y los momentos para gestionar la serie desde la experiencia defensiva.
Con el pitazo final, Boca selló la clasificación a semifinales ante Vasco da Gama, que dejó en el camino a Independiente Santa Fe, y consolidó una fase de mayor solidez y confianza en su desempeño internacional.



