Boca volvió a festejar en el Morumbi, estadio que ya fue escenario de polémicas y títulos para el club en Libertadores a mediados de los 2000. Aunque este triunfo frente a San Pablo no remite a esas gestas, sí tiene un significado especial para el equipo de Rodolfo Arruabarrena: un paso más firme en Brasil, un invicto que se extiende a 13 compromisos y la clasificación a las semifinales de la Copa Sudamericana, donde espera a Vasco da Gama, que dejó en el camino a Independiente Santa Fe.
Desde el inicio, el conjunto xeneize salió a imponer condiciones: dominó la pelota en la mitad de la cancha, soltó a los laterales y buscó mantener la acción lejos de su arco para encaminar la serie. En ese tramo, Boca fue superior a su rival, que se encontró con un inicio desconcertado.
Leandro Paredes movía la pelota con criterio; cuando aparecían huecos por dentro, aparecían los envíos largos para las subidas de Lautaro Blanco o diagonales para Miguel Merentiel. Alan Velasco, ubicado detrás del uruguayo, intentaba enlazar juego, aunque a veces terminaba frenándose por un exceso de toques laterales.
El equipo de Arruabarrena parecía el que necesitaba el gol para llevar la serie a definición por penales, mientras San Pablo esperaba recuperar su equilibrio ante un rival que, en líneas generales, dominaba el trámite. Sin embargo, a Boca le faltó pisar con más presencia el área y asegurar las finishing touches en los minutos finales.
Recién tras la pausa de hidratación, San Pablo mostró señales de vida: tuvo más manejo y logró plantarse en campo contrario, con intentos que acercaron el arco de Boca. Primero avisó con una pelota detenida y luego con un cabezazo de Gustavo Santana que Álvaro Montero desvió con la punta de los dedos antes de que la pelota pegara en el travesaño.
Boca transitó la primera parte con tranquilidad y el respaldo de unos 1500 aficionados que viajaron desde Argentina y se hicieron oír desde una de las laterales de la tercera bandeja. Del otro lado, alrededor de 50.000 brasileños observaban el encuentro en silencio, reflejo de la tensa historia de la jornada.
El descanso mostró que Dorival Júnior tenía más para corregir que Arruabarrena, y a la vuelta el local salió con mayor empuje, acercándose a Montero y presionando para contener la salida de Boca, que se replegó para sostener el resultado.
Al final, el 1-1 permitió a Boca afirmar su presencia en la pelea continental y selló la clasificación para las semis, manteniendo viva la posibilidad de cruzarse con Vasco da Gama en la próxima instancia.



