El presidente Javier Milei se presentó ante un auditorio de más de 200 representantes de empresas, diplomáticos y funcionarios en la sede central de Citigroup, en Tribeca, frente al Río Hudson. Lo acompañaron el ministro de Economía, Luis Caputo; el embajador argentino ante la ONU, Francisco Tropepi; y el embajador ante Argentina, Alec Oxenford. También estuvo presente el embajador de Estados Unidos en Buenos Aires, Peter Lamelas. Al ingresar, la audiencia se levantó y lo aplaudió de pie.
Esta fue la segunda actividad de Milei ese miércoles tras su discurso en la Asamblea General de la ONU, donde cuestionó la utilidad de la organización y defendió la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas. En el Citi, el mandatario hizo una breve alusión a la cuestión malvinense, sosteniendo que la defensa de Malvinas debe hacerse de forma pacífica.
En paralelo, el Reino Unido reiteró que mantiene su soberanía sobre las Falkland/Malvinas. En ese marco, Milei señaló que Malvinas será una causa que se defenderá siempre, por vías pacíficas.
El evento, organizado por International Republican Institute y Federalismo y Libertad junto al Citi, reunió a empresarios, diplomáticos y funcionarios que llegaron convocados por esas entidades. Milei, de tono sereno y con recuerdos de su juventud como hincha de Boca, centró su mensaje en la pobreza.
Según su relato, la reducción de la inflación permitió devolver alrededor de 100.000 millones de dólares a los argentinos, y afirmó haber aplicado un ajuste del gasto público del orden del 30%. En su balance, sostuvo que la economía creció 6,7% en el primer año y que la pobreza se redujo a la mitad, sacando a 14 millones de personas de esa situación. Aseguró que esa mejora demuestra que las medidas aplicadas generaron efectos reales, incluso frente a críticas teóricas sobre economía.
Entre otros logros, Milei afirmó haber contribuido a mejorar la seguridad pública, señalando una caída en la cantidad de piquetes de 9.000 a cero y asegurando que los indicadores de delincuencia están en niveles históricamente bajos. Definió estas métricas como parte de una política orientada a favorecer a los sectores más vulnerables, y, con un tono irónico, cuestionó a quienes, según él, suelen posicionarse junto a los pobres pero adoptan posturas contrarias a su enfoque.



