Boca llevó a Córdoba una mezcla de titulares y relevos, con Lautaro Blanco moviéndose como enlace creativo y, cuando corresponde, regresando a su posición habitual de lateral izquierdo. El equipo, líder del Grupo A, resistió la presión de Instituto, que se adelantó con un remate potente de Fernando Alarcón.
Los primeros 20 minutos fueron de alta intensidad en una noche lluviosa. Instituto se puso en ventaja, y pese al ritmo adverso, Boca logró igualar antes del cierre del mismo tramo y buscar la remontada.
Entre los nombres que aportaron desde el banco destacaron Malcom Braida, con función en el lateral derecho; Marco Pellegrino, de sólida presencia física; Williams Alarcón, manejando la pelota desde el medio; Carlos Palacios, poco involucrado en la acción, y Enner Valencia, buscando asociación en ataque. Sebastián Villa intentó desbordes por la izquierda y Valencia quedó como referencia en ataque, pero sin encontrar la claridad deseada.
La incidencia del día fue la entrada de Leandro Paredes para sustituir a Delgado, que duró apenas 16 minutos en cancha. Poco después, el Ruso Ascacibar ocupó su lugar ante la posibilidad de una lesión muscular en Paredes, un golpe duro para el equipo.
Arruabarrena, atento a la agenda apretada, fue dosificando recursos: algunos jugadores que vinieron desde el banco sumaron minutos y otros, habituales titulares, recibieron descanso. Aun con este tropiezo, Boca mantiene vida en tres frentes: la Copa Sudamericana, donde este martes, a las 21.30, enfrenta a Vasco da Gama en la semifinal de ida; la final de la Copa Argentina frente a Banfield el 14 de noviembre; y la lucha en el torneo Clausura y la tabla anual de la AFA.
Con este panorama, Boca busca sostener el rendimiento sin Paredes y aprovechar la profundidad de un plantel amplio para sostener varias batallas simultáneas.



