Entre las 20 y las 21 del sábado 19 de septiembre, un fallo eléctrico dejó sin suministro a casi 600.000 clientes del Área Metropolitana de Buenos Aires. La falla tuvo origen en un interruptor de 220 kilovoltios de la estación transformadora Malaver, operada por Edenor en San Martín. El sistema automático de protección no logró aislar la falla a tiempo, lo que permitió que el problema se propagara hacia otros puntos de la red y terminara afectando también a usuarios de Edesur.
La coyuntura llamó la atención por el momento del año: lo habitual es que los picos de interrupciones se den en verano, no en septiembre. Este episodio puso en relieve una falla estructural que el Gobierno busca corregir antes de afrontar el próximo periodo de mayor demanda. La respuesta oficial se denomina ALMA-GBA, una iniciativa de almacenamiento de energía a gran escala con baterías de última generación y una inversión que supera los USD 540 millones.
Para entender el trasfondo, hace unas dos décadas la red eléctrica argentina no acompañó el crecimiento del consumo. La desregulación del mercado mayorista, impulsada en 2024 por la Secretaría de Energía mediante la Resolución 400, buscó revertir esa dinámica devolviendo a las distribuidoras su capacidad de contratación directa. En documentos oficiales del proceso, el Gobierno señala que no se realizaron las inversiones necesarias para sostener el incremento de la demanda y modernizar la infraestructura.
Hoy, el AMBA concentra aproximadamente el 40% de la demanda eléctrica nacional. Según el Monitor Eléctrico de agosto de 2026, elaborado por la firma Ricsa, la región consumió 4.954 GWh durante ese mes, lo que representa un alza interanual del 6,5%. Este incremento no está vinculado a temperaturas extremas: en agosto la temperatura media fue de 12,3 °C (54,1 °F), ligeramente por debajo del promedio histórico.
El consenso entre los especialistas es claro: el problema no pasa por la generación de energía, sino por la capacidad de la red para distribuirla. Argentina no está falto de oferta: hay gas, agua, viento y solar disponibles; lo que falla es la capacidad de transporte de esa energía hacia los hogares en momentos de mayor demanda.
De cara a la temporada que se aproxima, el fenómeno El Niño podría traer cierto alivio, con proyecciones que señalan temperaturas por debajo de la media histórica y, por ende, menor probabilidad de sobrecargar el sistema en forma generalizada. No obstante, los expertos advierten que lo que realmente pone a prueba a la red son los días de calor extremo sostenido, y esos picos son justamente a los que apunta a responder ALMA-GBA mediante su batería de gran escala.



