La historia nació en un pequeño taller del barrio de Palermo, donde José Ini y los hermanos Adolfo y David Setton se unieron para prestar servicios de bordado a fabricantes de indumentaria. Con el paso de los años, esa actividad inicial dio paso a un giro estratégico: apostar por un producto poco desarrollado en la Argentina y ampliar la propuesta.
En 1986 detectaron una oportunidad frente a las demoras que enfrentaban los confeccionistas para bordar sus prendas. Compraron una máquina, luego otra y finalmente una tercera. La demanda se expandió de tal modo que, según sus palabras, llegaron a erigir la empresa de bordados más grande del país en ese momento.
Un viaje a Italia terminó de delinear el rumbo: la experiencia combinó la moda con la blanquería y nació Franco Valente, una marca que apostó por las toallas bordadas cuando ese rubro tenía poca penetración en el mercado argentino.
En el proceso, Adolfo Setton decidió importar toallas de Brasil, bordarlas y venderlas como artículos de regalo. En el taller de Gorriti, casi esquina Acuña de Figueroa, las prendas llegaban sin terminaciones decorativas y salían convertidas en productos personalizados, con dibujos inspirados en diseños italianos. Las toallas bordadas con iniciales se convirtieron en uno de sus primeros éxitos comerciales: regalos asequibles que se multiplicaban entre los clientes. Se recuerda el ejemplo de una toalla de mano bordada con una A para una persona llamada Adriana, destacando su poder de venta.
A medida que crecía la demanda, decidieron fabricar sus propias toallas. Adolfo, entusiasta de las máquinas, buscó asesoramiento de un ingeniero textil con experiencia en grandes fábricas y comenzó a seleccionar el equipamiento adecuado. La inversión inicial fue de aproximadamente 500.000 dólares. Compraron un galpón en San Martín y dedicaron más de dos años a acondicionar las instalaciones, diseñar el sistema de tratamiento de efluentes, reformar los pisos y montar los telares.
“Fui armando todo el galpón hasta que empezamos a recibir las máquinas, las ubicamos y las pusimos en marcha; y hasta hoy no paramos”, relató Setton al recordar esa etapa.
En 1991 inauguraron su primera planta industrial, con una cartera de 90 clientes y una producción inicial de unas 25 toneladas mensuales. La expansión y la diversificación marcaron el crecimiento sostenido de la empresa, que hoy, bajo la marca Franco Valente, opera con dos plantas industriales y una capacidad de producción de hasta 200.000 kilos de toallas por mes.



