La inteligencia artificial está cambiando la forma en que científicos estudian el cambio climático. Mediante décadas de datos recogidos por satélites y con modelos desarrollados por la NASA e IBM, es posible seguir la deforestación, identificar islas de calor urbanas y analizar eventos meteorológicos extremos con mayor precisión.
Esta tecnología forma parte de The Tech Interactive, museo de ciencia y tecnología de San José, California, donde se exhibe cómo el procesamiento de imágenes y datos satelitales puede aportar herramientas útiles para entender una crisis que se manifiesta en inundaciones, incendios forestales, sequías prolongadas y chaparrones intensos.
La muestra señala que, para limitar las consecuencias del cambio climático, es necesario reducir las emisiones en un 45% y alcanzar emisiones netas cero para 2050. Advierte, además, que el ritmo actual no alcanza para cumplir esos objetivos y enumera posibles efectos como el aumento del nivel del mar, olas de calor más frecuentes y la desaparición de ecosistemas críticos.
En ese marco, los datos obtenidos desde el espacio ocupan un papel cada vez más central. Satélites de la NASA, de la Agencia Espacial Europea y otras entidades observan la Tierra desde hace décadas y acumulan un volumen de información que resulta complejo de analizar en su totalidad. La inteligencia artificial facilita procesar esos registros y detectar patrones vinculados a cambios ambientales y climáticos.
La IA generativa y los modelos de datos abrieron nuevas posibilidades para gestionar esa gran cantidad de información. La alianza entre NASA e IBM, que tiene antecedentes en programas espaciales, incluido el del transbordador espacial, alcanzó un hito en 2023 con el desarrollo de modelos destinados al análisis de datos geoespaciales.
Estas herramientas combinan datos de observación de la Tierra suministrados por la NASA con capacidades de IA de IBM. Su propósito es identificar patrones en el uso del suelo, seguir transformaciones ambientales y extraer información útil de imágenes que, por sí solas, pueden resultar difíciles de interpretar.
Kenya es uno de los lugares donde ya se aplica esta tecnología. Años de deforestación provocaron escasez de agua en zonas vulnerables y el país lanzó una iniciativa nacional para plantar árboles con el objetivo de elevar la cobertura arbórea del 12% al 30% para 2032. El modelo geoespacial permite supervisar el progreso de esas tareas desde el espacio y registrar cambios en el uso de la tierra.
La IA procesa las imágenes satelitales y las convierte en información utilisable para estudiar esas modificaciones a gran escala; entre otros resultados, el modelo estima la biomasa presente en las áreas analizadas. En conjunto, estas herramientas señalan el creciente papel de la inteligencia artificial en la vigilancia ambiental y la planificación climática.



