El partido de este martes, sin la presión de sumar puntos o medir fuerzas por el torneo, se percibió principalmente como una formalidad y, para muchos, como el último registro de una historia sin igual. En el Estadio Monumental, Núñez, la emoción dejó de ser apenas deportiva para convertirse en un adiós que trasciende al fútbol y que resuena en todo el país y más allá de sus fronteras.

El Messi de 39 años se despide de la Albiceleste, la selección a la que condujo hacia la cima del mundo y que le ofreció dos finales adicionales, además de dos Copas América y numerosos triunfos menores como el oro olímpico y el Mundial juvenil. Es el Messi de un vendaval: un jugador que, con el paso de los años, siguió manteniendo un nivel notable, incluso en un Mundial disputado en Estados Unidos donde dejó una huella imborrable, aunque la última pincelada no estuviera presente en este cierre.

A lo largo de su trayectoria, Messi mostró una combinación de talento y carácter que lo hizo inigualable: un rendimiento que superó las expectativas continuamente, y una capacidad para superar obstáculos que parecía imposible. Su modestia, su naturalidad y su ausencia de divismos lo convirtieron en un referente para las nuevas generaciones, un espejo para los chicos que sueñan con llegar a lo más alto sin perder los pies en la tierra.

El último ciclo del argentino en la selección se gestó entre la expectativa de 2018 y la gloria de Qatar, y quedó marcado por jugadas que, incluso desde fuera, se recuerdan como momentos definitorios. Se le atribuyen dos pases magistrales que abrieron la victoria frente a Inglaterra en la semifinal, gestos que quedaron grabados en la historia del fútbol argentino y mundial.

La influencia de Messi va más allá de los títulos. Su juego, su velocidad inicial y su imagen se tratan de describir en obras y testimonios que, desde hace años, resonaron en todo el mundo. Un ejemplo es Todo Messi y más, del español Jordi Punti, que recopiló en su tiempo una gran cantidad de adjetivos para definir su fútbol: más de 600 expresiones que, en su momento, trataban de encajar una extraordinaria carrera que comenzó cuando llegó al Barcelona con trece años y terminó por convertirlo en el mejor jugador de todos los tiempos.

Si la trayectoria fue extraordinaria tanto en el club como en la selección, también dejó claro cómo fue su evolución: de la promesa juvenil a la figura universal, capaz de inspirar a generaciones enteras sin perder la humildad. Debutó con la Albiceleste en 2005, y desde entonces dejó una marca indeleble en la historia del fútbol argentino y mundial.

En definitiva, la despedida de Messi cierra una era difícil de replicar, un punto de inflexión que deja un vacío enorme para el deporte argentino. Pero también marca el cierre de una etapa que, más allá de los resultados, organizó nuestros recuerdos colectivos y elevó el nivel de las expectativas para las futuras generaciones.