Tras tres triunfos consecutivos al frente de manera interina, la obligación reglamentaria de firmar un contrato como entrenador a cargo encontró a Leonardo Ponzio con un sabor amargo: un tropiezo que pone a prueba el rumbo acelerado que lleva su ciclo en el banco millonario. En un duelo con imponderables habituales de la profesión, el equipo mostró lectura y reflejos que se pusieron a prueba ante un Huracán que supo sacar provecho de los errores rivales.

A los 35 minutos, River ya discutía la combinación de ideas con dos bajas en la respuesta: Almada y Andrada se lesionaron. Beltrán ingresó por Almada y Correa retrocedió para acompañar en la creación, mientras la presencia de Arambarri no alcanzó para sostener el funcionamiento. Ponzio realizó tres cambios, la mayoría por desgaste físico; Ortega reemplazó a Acuña en un cambio que formó parte de las limitaciones para completar los 90 minutos.

El juego mostró un River propositivo, con un volumen de ataque notable (20 remates en total) pero con solo tres terminaron en arco, frente a una Huracán que se acomodó con eficiencia y una presión adelantada para complicar la salida local. River defendió mal en varios pasajes y Huracán, con ataques aislados, consiguió traducir su dominio en la apertura del marcador.

El primer golpe llegó muy temprano: a los 4 minutos, Cortés, desde un tiro libre cruzado, convirtió ante una salida dubitativa de Martínez Quarta y una desatención de la última línea. Santiago Beltrán reaccionó tarde ante la ejecución, y el tanto dejó al conjunto de River con un camino cuesta arriba desde temprano.

En la búsqueda del empate, Driussi tuvo una buena oportunidad tras una asistencia de Vera, pero Galíndez respondió con una atajada de mérito que puso en guardia a los locales. River insistió, pero nunca logró concretar con claridad y Huracán dio la réplica necesaria para sostener la ventaja.

La derrota de River lo saca de los ocho que clasifican a los playoffs y complica sus aspiraciones en la Tabla Anual. Además, con cuatro derrotas consecutivas en el Clausura, el ciclo de Ponzio queda bajo la lupa, a la espera de soluciones en medio de una dinámica que ya mostró fisuras en la forma de jugar y en la composición del equipo.