Según un repaso de La Nación, Milei continúa exhibiendo una cosecha de logros, pero ha pasado a pedir una dosis de paciencia ante una coyuntura económica que no termina de afianzarse. En su discurso, añade un tono más drástico y dramático: sostiene haber sido blanco de múltiples intentos de desestabilización, entre ellos siete golpes de Estado; menciona también episodios de violencia en la calle y una supuesta entrada masiva de extranjeros que, asegura, buscaban dinamitar el modelo argentino. Durante una nueva escala en París, se mostró conmovido al recordar a personas cercanas que, afirmó, sufren por respaldarlo.
El presente, admite, no corresponde a lo que imaginó tras el triunfo de 2025. Su objetivo inmediato era terminar con la inflación, acelerar el crecimiento y desplegar un paquete de reformas que consolidaran un giro liberal y de apertura económica irreversible. En privado había deslizado que buscaba encarar “el fin de la Argentina peronista”. Pero la realidad es otra: persiste una atividade que no logra despegar, con precios difíciles de estabilizar y una merma en el empleo formal, factores que desdibujan esa “era dorada” que su marco ideológico prometía y que, a la vez, condicionan su ubicación política hacia una posible reelección en 2027.
El Gobierno dejó de construir un oficialismo sólido y opera en un terreno de transacciones constantes con aliados de confianza fluctuante. En tanto, el peronismo, golpeado, intenta rearmar una maquinaria que, a pesar de las dificultades, subsiste como el principal conducto de descontento social.
El perfil del peronismo aparece desarticulado, con un liderazgo que todavía no logra consolidar su propia lectura del fracaso del gobierno de Alberto Fernández. Aun así, mantiene un “instinto de poder”: la capacidad de reagruparse cuando el rival aparece vulnerable.
Una lectura habitual entre dirigentes opositores es que la economía no reelige a Milei. En ese marco, figuras como Axel Kicillof, Sergio Massa y Cristina Kirchner han señalado, con variaciones, que el actual cuadro económico dificulta una reelección en primera vuelta. Si bien las encuestas sitúan a Milei en condiciones competitivas frente a varios rivales, no logran asegurarle el umbral del 40% que permitiría triunfar sin segunda vuelta, y el rechazo se mantiene por encima del 50%.
El principal desafío del peronismo, en este escenario, es evitar que el Gobierno continúe controlando las primarias y la financiación estatal de ese proceso: una herramienta que, en su lectura, podría ayudar a resolver disputas internas y unificar a un candidato único contra Milei. Esta premisa guía la conducta de las distintas fracciones del movimiento. En la agenda legislativa, discusiones sensibles —como el financiamiento para el área de Discapacidad y los apoyos a deudores morosos— aparecen, en buena medida, para entorpecer la ofensiva del Ejecutivo y buscar ventajas para consolidar una alternativa frente al presidente.



