En octubre de 2027, Argentina definirá autoridades: presidente y vicepresidente, la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado, además de algunos gobernadores e intendentes. Las candidaturas todavía no están definidas y se conocerán a mediados del año próximo.

¿Es cierto que la incertidumbre inherente a un acto electoral explica demoras en la compra de automóviles, en ampliar la capacidad de extracción minera, en gestionar un crédito hipotecario y hasta en ir al teatro o comprar un libro, al mismo tiempo que sube la demanda de dólares y se venden bonos públicos con vencimientos posteriores al 10 de diciembre de 2027?

No hay forma objetiva de saberlo con certeza. No se pregunta por decisiones individuales, sino si el fenómeno es lo suficientemente general para dejar una huella en los indicadores económicos.

Sin poder confirmarlo, se plantea una conjetura. Supongamos que ese efecto es general y, para entenderlo, observemos un escenario extremo: hasta que no se conozca el resultado electoral, el gasto de los hogares se restringiría a necesidades básicas, con impactos relevantes sobre el PIB y el empleo, tanto formal como informal.

Qué podría esperarse entonces? Si la oposición resulta ganadora, el gobierno en funciones podría enfrentar la situación con una política fiscal y monetaria más flexible, o con medidas para contrarrestar al supuesto populismo opositor.

Pero esa posibilidad no es predecible con certeza. Por un lado, anunciar una flexibilización podría erosionar la credibilidad del gobierno entre sus propios respaldos sin ganar adhesión de la oposición. En ese marco, los agentes económicos tenderían a recortar compras y a buscar refugio en dólares.

¿Significa esto que, durante los próximos 12 meses, la economía podría atravesar un periodo de incertidumbre prolongada y ajustes significativos? No es un pronóstico, sino una hipótesis ante un cuadro que podría parecer colapsante o, por el contrario, susceptible de resolverse con enfoques que no requieren soluciones extravagantes.

Y no corresponde proponer salidas llamativas, como instaurar una monarquía para resolver la incertidumbre electoral: sería, para los argentinos, un atajo que traería su propio conjunto de problemas en torno a la sucesión.