A los 72 años, Ricardo Bochini mira hacia atrás sin perder el pulso. En charla abierta, repasó su trayectoria y dejó claro que casi no conserva objetos de sus títulos en el exterior: apenas la medalla de campeón del mundo y una camiseta de Jorge Burruchaga que intercambió con su compañero de Independiente tras la semifinal frente a Bélgica. Sobre el título del México ’86, remarcó que no conserva casi nada, contrastando con ese recuerdo que sí quedó intacto en su memoria.
Más allá de los objetos, Bochini se posiciona como un prócer de una era, dueño de un estilo propio y de un palmarés que incluye cuatro Copas Libertadores, dos Intercontinentales, tres Interamericanas y cuatro torneos locales. En su habitación aparece una pelota y, sin perder la conexión con el fútbol, se anima a jugar un rato: entre gambetas y toques, demuestra que el cariño por el juego no se apaga con el paso del tiempo. A sus 72 años, afirma viajar a los días de gloria sin dejar de entusiasmarse por lo que vendrá, y mantiene una cercanía constante con la actividad futbolística.
¿Vuelve a ver sus partidos? Sí, a veces. Y no oculta algunas autocríticas: continúa pensando en un penal que Marangoni ejecutó mal en la semifinal de la Libertadores 1985 frente a Argentinos Juniors. Si ese momento hubiera salido de otra manera, podría haber sido distinto y, según su lectura, tal vez hubiesen disputado otra final. Argentinos terminó coronándose ese año, viajó a Japón y perdió la Intercontinental ante la Juventus. Bochini imagina que la historia podría haber sido diferente si él hubiera tomado esa pelota.
Cuando le preguntan por sus referentes, responde sin rodeos: Bertoni fue su mejor compañero a lo largo de años, Diego Maradona, el mejor que vio jugar, y Lionel Messi, el mejor de la actualidad. Sobre un perfil “bochinesco” en el fútbol, reconoce cierto parecido con Juan Román Riquelme por la precisión de los pases, aunque advierte diferencias clave: Riquelme pegaba más fuerte y tenía mayor manejo del balón en el área; Bochini, en cambio, privilegiaba la conducción, las gambetas y las asistencias.
Sin aferrarse al pasado, Bochini también mira hacia adelante con nuevas herramientas de comunicación. Se convirtió en streamer y conduce el programa Gambeteando una bocha, un puente con generaciones que no lo vieron en su plenitud. En ese espacio ya pasaron figuras de distintos ámbitos, desde el Chaqueño Palavecino y Cucho de los Auténticos Decadentes hasta los integrantes de T&M, Las Pastillas del Abuelo, Antonio Ríos, L-Gante, Emanero, Coppola, Ruggeri, Bertoni y el Beto Alonso, entre otros. El objetivo es conservar vivo el vínculo entre la historia y el fútbol de hoy, alimentando un diálogo entre espectadores antiguos y nuevos.



