En una noche que quedará para el recuerdo, Lionel Messi volvió a portar la camiseta titular de la selección argentina con el dorsal 10 por última vez, en el estadio Monumental. El astro rosarino convirtió un gol frente a Benín y, además, asistió en dos ocasiones, demostrando su lectura de juego y capacidad para influir en el desarrollo del partido.
La actuación de Messi trasciende lo estrictamente deportivo: su presencia y experiencia le otorgaron continuidad a un esquema colectivo que buscó claridad en cada transición y precisión en las decisiones. Las dos habilitaciones brindadas a sus compañeros se sumaron al gol propio para delinear una actuación que dejó una impresión duradera entre aficionados y partes involucradas en el encuentro.
Este episodio adquiere un significado especial por el contexto de su trayectoria: una trayectoria de 21 años en la cúspide del fútbol mundial, que atravesó generaciones y dejó una huella imborrable en la historia de la Albiceleste. El partido de hoy se presentó como un marco simbólico para reconocer esa influencia, más allá de resultados pontuales, y para recordar el vínculo entre Messi, la selección y el público argentino.
Con este cierre simbólico de una etapa, la memoria futbolística argentina conserva una fecha que resume liderazgo, rendimiento sostenido y la capacidad de generar impacto en momentos decisivos. La despedida de la camiseta nº10, en un escenario tan emblemático como el Monumental, quedó grabada como un capítulo clave de la historia del deporte argentino.



