En Avellaneda, durante un plenario federal del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, presentó su propuesta para las próximas elecciones de 2027 y dejó en claro que su iniciativa apunta a un giro sustancial en la economía nacional, alejado de la gestión de Milei.

Kicillof abrió el acto con expresiones de apoyo de la militancia y afirmó que, con Milei al frente, la Argentina atraviesa una situación cada vez más compleja: la prioridad es revertir la dirección de la economía. En su diagnóstico, el discurso que promete equilibrio, estabilidad y orden no se traduce en la vida diaria de las familias, que afrontan deudas crecientes y salarios que no alcanzan, mientras muchos comercios quedan vacíos y el ingreso de los trabajadores no acompaña la inflación ni las necesidades.

Además, cuestionó la ausencia de visitas a distintas provincias y la falta de inauguraciones de obras —escuelas, hospitales o mejoras— durante la gestión nacional. Remarcó que el gobierno ha dejado de lado a las provincias y a su gente, y que esa visión supone abandonar la idea de una Argentina integrada. La asamblea respondió con un cántico de apoyo a la lista de Kicillof.

Sobre el orden económico y social, el gobernador sostuvo que no se puede ordenar el país destruyendo el aparato productivo ni recortando el sistema público de ciencia, educación y salud. Afirmó que ese modelo genera desesperanza, desprotección y desintegración social, afectando barrios, familias, escuelas y empleos, e incluso contribuye a la escalada de problemáticas como la vulnerabilidad emocional y los suicidios.

En otro tramo, dedicó parte de su discurso a la cuestión de Malvinas. Señaló que el problema no reside únicamente en lo dicho en discursos cortos, sino en la trayectoria de los últimos años: cuestionó la coherencia entre la retórica soberanista y las acciones de la gestión, y sostuvo que Milei no encarna de forma consistente un nacionalismo o patriotismo sólido, sino una figura que, en su lectura, aparece como superficial.

Por último, Kicillof dejó claro que no está interesado en una construcción política que funcione “a control remoto”, interpretando esa observación como una crítica velada a ciertos métodos de conducción dentro de la interna peronista.