El 12 de octubre de 1962, San Lorenzo recibió a Boca Juniors en el Viejo Gasómetro, ubicado en la Avenida La Plata. En el marco de la campaña por regresar a Boedo, el encuentro terminó 2 a 2, pero lo que trascendió fue la jugada que quedó en la memoria y se convirtió en una historia que, con el paso de los años, fue reconstruida en relatos y en literatura. Aquel episodio prendió una chispa que, a 64 años de distancia, sigue alimentando la leyenda del fútbol y de la sensibilidad de quienes lo vivieron.

Los protagonistas de aquella tarde fueron José Sanfilippo, figura emblemática de San Lorenzo, goleador de raza y con una lengua afilada para el disenso; y Antonio Roma, uno de los arqueros más recordados de Boca, apodado “Tarzán” por su estilo intenso para atajar y anticipar cada intento rival.

Más allá del empate, lo que permanece es la idea de un gol que se convirtió en símbolo: una jugada que la memoria colectivamente va reconstruyendo, hasta convertirse en un objeto de literatura y de reflexión para generaciones siguientes. Osvaldo Soriano, escritor argentino, halló en ese instante una historia que dejó huella y que, a través de su mirada, trascendió el terreno de juego para dialogar con la identidad barrial y la historia del club.

En ese marco, el Viejo Gasómetro no solo guarda el recuerdo de un resultado, sino también el de una lucha más amplia: la de volver a Boedo y recuperar un estadio propio. Con esa tensión, aquel 2-2 quedó para siempre registrado como una confluencia entre fútbol, memoria y literatura.