El Gobierno de Javier Milei enfrenta el reto de trasladar la estabilidad de algunas variables económicas al bolsillo de las familias. Aunque se registró una baja en los empleos formales del sector privado, ese descenso quedó compensado por un impulso sustancial del trabajo no registrado por cuenta propia, que llevó la proporción de informalidad a 45% del total de ocupados, su nivel más alto en la serie disponible.
El impacto en las familias es directo: los cuentapropistas informales, que constituyen el grupo que más creció durante la gestión, perciben ingresos significativamente menores que los trabajadores registrados de referencia. En promedio, un cuentapropista informal gana menos de la mitad de lo que percibe un asalariado registrado comparable. En términos de brecha de ingresos, Analytica estimó que, tras corregir diferencias por sexo, edad, educación, región, actividad y horas trabajadas, el cuentapropista informal recibe un 51% menos que un trabajador en blanco con perfil similar. Además, la comparación directa de ingresos muestra que el ingreso principal promedio fue de $581.059 para un cuentapropista informal frente a $1.183.241 de un asalariado en blanco, medidos en pesos de agosto de este año. Quienes pasaron de un empleo formal privado al cuentapropismo también experimentaron una caída real de ingresos cercana al 30%.
En el segundo trimestre, la desocupación se ubicó en 7,9%, frente a 7,6% registrado un año atrás. Sin embargo, la actividad aumentó 0,8 puntos porcentuales para situarse en 48,9%, un máximo histórico. En términos absolutos, unas 338.000 personas se incorporaron al mercado laboral en los 31 aglomerados de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). De ese total, cerca de 265.000 obtuvieron empleo y 73.000 quedaron desocupadas. El mercado logró absorber a casi ocho de cada diez nuevos trabajadores, pero lo hizo principalmente mediante ocupaciones informales y por cuenta propia.
Un análisis de Analytica señala que entre el segundo trimestre de 2025 y el mismo periodo de este año el empleo informal aumentó en 348.000 personas, mientras que se perdieron aproximadamente 83.000 puestos formales. En consecuencia, la creación de empleo no registrado superó a la expansión neta de la ocupación y compensó la caída de los empleos en blanco.
La informalidad avanzó del 43,2% al 45% de los ocupados en apenas un año, el nivel más alto de la serie publicada. Equilibra, por su parte, indicó que la proporción creció 3,4 puntos porcentuales respecto al segundo trimestre de 2024. Durante ese periodo, los cuentapropistas informales crecieron 25,6%, mientras que los asalariados registrados cayeron casi 5%.
La categoría de mayor crecimiento es, al mismo tiempo, la de menor remuneración: se estima que unas 318.000 personas se sumaron al cuentapropismo informal en el último año, superando a los 265.000 empleos netos creados en el periodo formal. Con los ajustes mencionados, se observa una brecha de ingresos notable para este grupo frente a los trabajadores registrados.
En síntesis, la expansión del cuentapropismo aparece como un factor clave para entender la coexistencia entre cierta estabilidad macro y el deterioro de los ingresos de los hogares, lo que plantea desafíos para la política económica orientada a mejorar el bienestar de las familias.



