El Día del Software Libre, una iniciativa impulsada por Richard Stallman, figura como una fecha clave del calendario tecnológico desde 2004. En 2026, la celebración vuelve a ser cuestionada por el acelerado progreso de la inteligencia artificial y su impacto en la forma en que entendemos la libertad de uso del software.

A grandes trazos, el software libre guarda zonas poco conocidas por el público general. En ediciones anteriores, TN Tecno exploró cuánto conocen los usuarios de plataformas digitales —incluidos los usuarios avanzados— el verdadero espíritu de esta filosofía, cuyos referentes incluyen proyectos como Linux y WordPress, además de otros desarrollos relevantes. Este año, la conversación busca arrojar luz sobre qué implica realmente este movimiento y cuáles son sus límites.

El organizador global, Software Freedom International, sostiene que el objetivo es dar a conocer las ventajas de usar software libre y de código abierto en distintos ámbitos: hogares, empresas, y también en gobiernos y entes educativos. Por ello, resulta clave acercarse al tema, despejar dudas y actualizarse sobre el estado actual de esta modalidad.

Durante la charla, Ariel Jolo, responsable de la convocatoria nerdear.la, que iniciará actividades el martes en el Centro Cultural Konex, señaló una de las confusiones más habituales: la palabra “libre” no alude al costo, sino a la libertad de ejecutar, distribuir y modificar el código. En inglés, la equivalencia de “free” puede aludir a “libre” o “gratuito”, lo que provoca malentendidos si no se aclara el concepto.

Es importante aclarar que, si bien muchos programas de software libre no tienen costo para el usuario, no todos son gratuitos ni pertenecen necesariamente al movimiento. La confusión suele nacer de la traducción y de la idea errónea de que “libre” implica siempre gratuidad.

Ignacio Bengochea, director de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Buenos Aires, enfatizó que la clave está en entender que estos sistemas reducen costos operativos sin depender de gratuidad. “Implementar software libre requiere tareas, recursos y inversiones, a menudo cubiertas por comunidades que colaboran para mejorarlo; a la vez, suelen demandar menos hardware que las alternativas propietarias, lo que se traduce en ahorros”, comentó.

En ese marco, el código abierto se presenta como una corriente dentro de un campo más amplio, el del software libre. Comprender estas diferencias es fundamental para participar con criterio en debates actuales y para valorar, con criterio técnico, el alcance y las posibilidades reales de estas tecnologías en distintos sectores.