La jornada de este lunes mostró una nueva dosis de tensión en los mercados internacionales, que se traduce en movimientos negativos para los activos argentinos. Los bonos soberanos en dólares cerraron la sesión con pérdidas y el riesgo país se ubicó cercano a los 630 puntos.

El desempeño de los mercados emergentes sigue afectando a la deuda de Argentina. El índice de JPMorgan para deuda de mercados emergentes se deterioró casi un 23% en septiembre y se mantiene lejos de los mínimos de poco más de 400 puntos que había tocado hace unos meses.

En la misma línea, los títulos globales en dólares bajo la Ley de Nueva York mostraron caídas cercanas al 2%. La deuda argentina volvió a moverse al compás de las tendencias del conjunto emergente, aunque en las semanas previas venía acentuando un castigo relativo frente a sus pares.

Wise Capital explicó que el índice acumula un avance superior al 50% desde su piso de julio, impulsado por una combinación de presiones internacionales y tensiones internas. El incremento de los rendimientos de los bonos estadounidenses reduce el atractivo de la deuda de economías emergentes; la volatilidad global y un precio del petróleo más alto también alimentan las expectativas a la baja.

A nivel local, la atención del mercado está centrada en el manejo de la política cambiaria y las reservas. El Banco Central frenó las compras de reservas este mes, quedando en el mínimo anual. Además, los datos de actividad económica y pobreza siguen con signos débiles, mientras JP Morgan pronostica una recesión para la economía argentina en el tercer trimestre.

En el frente cambiario, el dólar continuó su andar al alza: subió cinco pesos y se vende a 1.550 pesos en ventanillas. Los analistas destacan que, pese a que el agro siguió liquidando a buen ritmo —alrededor de US$150 millones diarios—, el Banco Central apenas acumuló US$29 millones, lo que deja compras netas del mes en US$232 millones. Si este ritmo se mantiene, el cierre mensual podría situarse en torno a US$270 millones. Aunque la cifra no es alarmante, los expertos señalan que funciona como una señal amarilla ante la posibilidad de que la oferta del agro, que se estima en más de US$3.000 millones, se reduzca y la demanda continúe firme, lo que podría generar más presión sobre el tipo de cambio en los próximos meses si los precios internacionales siguen al alza.