Milei terminó su discurso en el Paris Economic Forum con la voz algo quebrada, parado detrás de un atril en un escenario casi a oscuras. En la transmisión oficial, varios focos apuntaron a Karina Milei, sentada entre la gente y abrigada por la penumbra que marcó buena parte de la presentación. La grabación publicada en YouTube permite ver la silueta de su hermana aplaudiendo, quizá emocionada por lo que se vivió en esa entrega.
Ese cierre marcó el cierre de la Semana Argentina en París, una serie de actos del gobierno que funcionó como plataforma para anunciar inversiones y tratar de tranquilizar a un mercado que mantiene dudas sobre la viabilidad política del modelo económico vigente.
La pregunta central, que cierra cualquier análisis de un mandatario que debe competir en elecciones, es si Milei puede aspirar a la reelección con este cuadro económico. A esa duda se suma otra: ¿la Argentina puede permitirse una economía distinta a la propuesta por este gobierno? En la lectura de las capas de la economía y la política, la respuesta parece forzada: el primer análisis condiciona de forma directa al segundo.
Con los resultados económicos recientes, quedó más claro por qué el Gobierno decidió adelantar la campaña electoral y, para este año, poner en escena una rivalidad que, según advierten sus cercanos, iba a ser difícil de sostener en el calendario económico si no vienen noticias positivas.
El equipo de Milei, junto con Luis Caputo, llevó adelante la primera etapa de gestión enfatizando un mensaje de disciplina fiscal sin escrúpulos: todo para sostener el superávit, incluso a costa de costos reputacionales. Se mencionaron posibles recortes a jubilaciones, a las universidades, al Hospital Garrahan y a los tratamientos para personas con discapacidad, además de medidas que afectaban a los gobernadores. Ese planteo duro buscaba demostrar que la prioridad era la estabilidad fiscal.
La contundencia del mensaje generó, al menos en un tramo, un período de confianza con el mercado que permitió bajar el Riesgo País. Aun así, no se logró ubicarse en rangos tan buscados como los 200 o 300 puntos que se habían adelantado como objetivo para volver a financiarse con inversores privados, algo que la Argentina viene persiguiendo desde hace años.
La estrategia del año anterior—que dio a Libertad Avanza victorias en las elecciones legislativas nacionales pero dejó derrotas en provincias—terminó impactando las cotizaciones y dejó en claro que el paso siguiente necesitará respuestas que despejen las dudas que persisten.



