El Morumbi recibió a Boca con la expectativa de volver a mostrar identidad en una competencia internacional y dejar encaminada la serie. El estadio, que ya fue escenario de las Libertadores ganadas por el club en 2000 y 2003, volvió a ser testigo de un Boca decidido a imponer condiciones desde el inicio. El conjunto de Rodolfo Arruabarrena buscó jugar lejos de su arco y tomar la iniciativa, ejerciendo dominio en la mitad de la cancha y empujando a los lateralizados para abastecer a sus delanteros.

En lo táctico, Boca se apoderó de la pelota y proyectó acciones rápidas por los costados, con Leandro Paredes manejando la circulación y apuntando algún cambio de frente para activar a Lautaro Blanco o enviar opciones directas para Miguel Merentiel. Alan Velasco apareció flotando detrás de Merentiel, intentando crear juego, aunque en varias ocasiones terminó recargando el juego a los costados. Aun así, la idea fue clara: buscar el gol que encamine la serie sin exponerse en exceso.

San Pablo, por su parte, mostró signos de desconcierto al inicio, quedándose corto en la presión y dejando que el visitante tomara la iniciativa. Aun con dominio de Boca, la definición en los últimos 15 metros se hizo esquiva: faltó puntería y claridad para convertir las oportunidades en el área rival.

Tras el descanso, la dinámica cambió: el local salió con más intensidad y mantuvo la pelota en campo contrario, apoyado en el aliento de su público. Boca, por su parte, se replegó ligeramente y priorizó la contención, intentando salir de contraataque ante un rival que fue creciendo en volumen de juego. En una de las situaciones de peligro para San Pablo, un cabezazo de Gustavo Santana fue desviado por Álvaro Montero con la punta de los dedos justo antes de pegar en el travesaño, lo que evidenció el desequilibrio entre ambos equipos en ese tramo.

Entre el público brasileño, cerca de 50.000 presentes llenaron las tribunas, mientras que unos 1.500 hinchas de Boca se hicieron sentir desde una de las secciones laterales. La combinación de buenos movimientos de Boca y la respuesta del local dejó la eliminatoria en una balanza muy pareja, con el 1-1 que finalmente significó el pasaje de Boca a las semifinales.

En la próxima instancia, Boca enfrentará a Vasco da Gama, equipo que dejó fuera a Independiente Santa Fe. El conjunto Xeneize encara esta llave con la confianza de haber mostrado personalidad en Brasil y la intención de mantener el impulso internacional que lo acompaña en este tramo de la Sudamericana.