En su última edición impresa, The Economist plantea que el presidente Javier Milei debe lograr una combinación de estabilización macro y mayor crecimiento económico, sin descuidar las repercusiones sociales de las reformas. En ese marco, ubica la corrección de rumbo en un momento de apoyo público próximo a sus mínimos, con salarios reales por debajo de los que hubo al inicio de su gestión y una caída en el número de empleos formales.
El editorial, bajo el antetítulo “Pan y manteca, no fanfarronadas”, afirma que sin esos ajustes el “notable experimento liberal” impulsado por Milei podría afrontar un final anticipado el año que viene. Su horizonte, sostiene, dependerá de la capacidad de sostener el programa de estabilización y, al mismo tiempo, dar respuestas a las preocupaciones de empleo y salario de los argentinos.
The Economist recuerda que Milei asumió hace tres años con promesas de recortes profundos en el gasto público, control de la inflación y liberalización de la economía. Aunque muchos analistas dudaron de que ese plan tuviera éxito, el texto afirma que el mandatario demostró que estaban equivocados.
Sobre los resultados macro, señala que la inflación anual descendió desde el 161%, registrado en el mes previo a la asunción, hasta el 34% en julio. Añade que la economía parece encaminada a registrar un segundo año de crecimiento consecutivo, una situación poco habitual para Argentina desde el ciclo de auge de las materias primas de 2008.
La bajada de la inflación, señala el artículo, coincidió con una caída de la pobreza; no obstante, el crecimiento es lento y desigual, los salarios reales siguen por debajo de los niveles de inicio y los empleos formales se contrajeron.
“Muchos argentinos aún enfrentan dificultades”, advierte el texto. En ese marco, la preocupación por el trabajo desplazó a la inflación como uno de los temas centrales para una parte de la población.
El editorial subraya que el Gobierno atraviesa una etapa distinta a la de inicio de la gestión. Mantener como prioridad la reducción de la inflación sigue vigente, pero ahora sería necesario implementar medidas que impulsen la actividad, el crédito y la inversión. No cuestiona, de forma explícita, la política de superávits fiscales ni la negativa a emitir dinero directamente, pilares que, según la nota, siguen siendo importantes; también respalda la eliminación de normas que, a su juicio, limitan el desarrollo empresarial y el funcionamiento de los mercados.
La columna propone que Milei capitalice los logros en la lucha contra la inflación para acelerar la expansión económica, asumiendo que esa estrategia podría implicar un descenso de precios menos acelerado. “Es el momento de construir sobre los cimientos establecidos y concentrarse más en el crecimiento”, sostiene, siempre considerando medidas que amplíen el financiamiento de las empresas e impulsen la inversión.



