La inversión en Argentina representa el 15,1% del Producto Bruto Interno y acumula una baja del 7,8% en lo que va del año, una dinámica que complica la recuperación de la actividad y obliga al Gobierno a buscar nuevos nutrientes para el capital privado.

En diálogo con Infobae al Regreso, el economista Jorge Colina, de Idesa, atribuye buena parte de ese desplome a la desconfianza que persiste tras años de inestabilidad macroeconómica. Según su lectura, para que un país que quiere desarrollarse alcance un crecimiento sostenido, es necesario que la inversión se ubique en al menos un 25% del PIB.

Colina cita ejemplos de referentes regionales y globales: Chile alcanzó esa meseta durante la década de 1990 cuando más creció; Perú mostró un desempeño similar en momentos clave; varios países asiáticos superan esa frontera, e incluso China rondaría niveles cercanos al 40%. En ese contraste, agrega, Argentina mantiene una conducta de ahorro y gasto orientada a lo doméstico y a corto plazo, con menor disposición a invertir en bienes de capital: “los argentinos aún desconfían de la economía y, por eso, no canalizan recursos hacia tecnología o plantas industriales; sí se ve interés por vivienda, pero no por inversión productiva”.

Sobre el comportamiento de los ahorristas, el economista también alude a la dinámica cambiaria y a las tenencias de divisas. Señala que, de forma mensual, los particulares adquieren unos 3.000 millones de dólares, monto que no va hacia la inversión sino a refugio y resguardo de valor; sostiene que ese flujo, hoy- en gran parte, se mantiene dentro de cuentas en línea.

Para Colina, parte de la desconfianza tiene sus raíces en la experiencia de la salida de la convertibilidad a fines de los años 90. Recuerda que, pese a un ciclo de estabilidad de casi una década, la inversión superó el 20% del PIB en 1996 y 1997, pero la abrupta quiebra del régimen dejó heridas profundas en las decisiones económicas. “La salida fue traumática: se afectó el ahorro y la confianza quedó marcada”, afirma, para señalar que hoy persisten esas dudas tras 25 años de volatilidad.

El economista destaca también que la persistencia de restricciones cambiarias no ayuda a la inversión. Señala que, a tres años de vigencia, el cepo cambiario continúa y no se sabe con certeza el valor del dólar real, citando una referencia cercana a los 1.500 pesos para el tipo de cambio.

En su propuesta, aboga por una liberalización total del mercado de cambios: retirar por completo el cepo y dejar que el tipo de cambio flote, lo que —según argumenta— podría generar mayor confianza entre ahorristas y empresarios. Sobre las tasas y los incentivos, cuestiona que las condiciones actuales velen más por la renta fija que por impulsar el desarrollo de empresas.

Si bien no plantea un ajuste radical del programa económico, Colina sugiere “profundizar el rumbo” ya anunciado: eliminar el cepo, comenzar a bajar las fricciones de financiamiento y permitir que el mercado determine la tasa de interés, con el objetivo de favorecer inversiones productivas y, de ese modo, acercarse al umbral del 25% del PIB que propone como horizonte.