Una serie de datos negativos dejó en claro la tensión entre el discurso oficial y lo que viven hogares y empresas. El Indec informó que la pobreza alcanzó 32,3% en el primer semestre de este año, con un aumento respecto del último semestre del año anterior. Paralelamente, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró una caída de 2,9% en julio, y los analistas advierten que la economía podría acercarse a una recesión técnica. En agosto, la producción industrial registró una caída interanual de 4,2% según la última medición de FIEL, y las ventas en supermercados y el consumo masivo se mantienen débiles; además, los salarios privados registrados continúan por debajo de los niveles de noviembre de 2023.

En medio de ese cuadro, el presidente Javier Milei descartó la posibilidad de una recesión. En la entrevista del domingo con Luis Majul para LN+, sostuvo que solo hay una desaceleración en el ritmo de crecimiento y afirmó que Argentina se encuentra en “niveles máximos” de producto, consumo y exportaciones, una lectura que no parece corresponder con el pulso de la sociedad. Según el mandatario, los indicadores reflejan cambios estructurales en la economía.

El ánimo social acompaña esa discrepancia. El informe Social Mood III Trimestre 2026, elaborado por la consultora Moiguer, muestra que el 41% de los argentinos cree que la situación empeorará en los próximos 12 meses, frente al 38% que anticipa mejoras. Es la primera vez desde el inicio de la recuperación de expectativas tras la llegada de Milei al poder que los pesimistas superan a los optimistas. En 2023, el optimismo estaba en 29%; entre el primer semestre de 2024, subió a 52%, y desde el segundo semestre de ese año se mantiene en torno al 38-39%.

Del lado oficial, se destacan logros macroeconómicos: la inflación mostró una desaceleración notable, el superávit fiscal se mantiene y la estabilidad macroeconómica es mayor que al inicio de la gestión. Sin embargo, esas cifras positivas no logran traducirse plenamente en confianza social ni en un ánimo favorable en los mercados, y la brecha entre discurso y realidad se acrecienta. Analistas y sectores privados advierten que la combinación de pobreza elevada, caída de la actividad y un humor público tenso complica la narrativa oficial en el corto plazo.