La noche en Floresta dejó más que tres puntos para sumar. El encuentro entre All Boys y Godoy Cruz, correspondiente a la fecha 33 de la Primera Nacional, arrancó con un hecho de seguridad que retrasó el inicio aproximadamente media hora: incidentes entre la barra del local y la Policía de la Ciudad provocaron forcejeos en los accesos, con uso de gases lacrimógenos y balas de goma. El resultado fue un estadio con heridos y varios detenidos, y un ambiente de máxima tensión que influyó en lo que vendría dentro de la cancha.

En lo deportivo, All Boys buscaba escalar posiciones para evitar caer a la zona de descenso (cerró la tramo con 34 puntos, a dos de la zona roja), mientras Godoy Cruz mantenía experiencia de combate: 57 unidades, a cinco del líder Ferro Carril Oeste. El partido se disputaba bajo un clima tenso, con cánticos contra la seguridad y la dirigencia, que encabezaban Christian Giménez y Nicolás Cambiasso.

El primer episodio de controversia arbitral llegó a los 68 minutos: el árbitro Nicolás Lamolina sancionó un penal a favor de Godoy Cruz por una supuesta mano de Purita. La acción parecía innecesaria para muchos, ya que el defensor había llevado los brazos cerca del cuerpo; el remate fue ejecutado por Martín Pino, que terminó atajado por el arquero rival, lo que dejó el marcador sin modificar y alimentó los reproches de la parcialidad local.

Pero lo más llamativo ocurrió luego, cuando se disputaba el tramo final del encuentro. Tras reclamos por un segundo penal, Lamolina cobró otra infracción a favor de Godoy Cruz y, según relatan testigos, se retractó tras recibir una toma en celular que demostraría que la falta había sido fuera del área. El hecho fue calificado por algunos como un uso improvisado de un “VAR casero” y desató un giro surrealista en un partido ya de por sí delicado.

La conmoción generada por estas situaciones provocó una catarata de comentarios y generó dudas sobre la conducción del partido. Aun con la polémica en curso, el deudor de All Boys y el puntero Godoy Cruz, con este choque, dejaron de lado la pizarra y encendieron el debate sobre el criterio arbitral en la categoría y el papel de revisiones externas en tiempos de partido.