A comienzos de año, el sector automotriz se preparaba para vender unas 640.000 unidades en 2026. A menos de tres meses del cierre, ya se admite que la cifra final quedará alrededor de 500.000, prácticamente un 25% menos de lo previsto. Este ajuste no es un hecho aislado: señala la dinámica de una economía que, si bien continúa creciendo, lo hace a un ritmo mucho menor al esperado.

El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) elaborado por el Banco Central mostró revisiones a la baja en 2026: el Producto Bruto Interno se proyecta con un incremento de 1,5%, frente al 3,5% que se estimaba en enero. Esa reducción de dos puntos en el crecimiento implica que la cifra se coloca a la mitad de lo que prevé el proyecto de Presupuesto 2027, que ubica el aumento en 3% para este año.

El Gobierno admite la desaceleración. El ministro de Economía, Luis Caputo, señaló que la economía está creciendo a un ritmo menor y atribuyó la caída a factores como las tasas internacionales más altas, un shock petrolero y la incertidumbre política. Añadió que la percepción de inestabilidad política desalienta la inversión a largo plazo, lo que termina frenando proyectos. En su lectura, no hay recesión: afirmó que la economía continúa obligada a mirar la serie tendencia-ciclo del Indec, la cual suaviza las oscilaciones mensuales de la EMAE.

Los economistas consultados por LA NACIÓN coinciden en que la combinación de contracción crediticia y caída de ingresos explica gran parte del freno. Los salarios no avanzaron al ritmo esperado porque la inflación tardó en superar el umbral del 2% mensual. En comparación con noviembre de 2023, mes anterior a la asunción de Milei, los ingresos registrados se sitúan alrededor de 8,2% por debajo. A ello se suma que una porción mayor del salario se destina a servicios como luz, gas, agua y transporte, lo que reduce el alcance del consumo.

Cuando el ingreso no alcanza, el consumo se apoya en cuotas. Ese impulso, que se observó entre fines de 2024 y principios de 2025 con un boom de préstamos personales, hoy dejó de funcionar. La morosidad abarca a unos seis millones de usuarios y los bancos se muestran más reticentes a otorgar crédito; las tasas de préstamos personales rondan el 64%. “Los bancos no están prestando en términos netos; más bien están cobrando”, resumió Gabriel Caamaño, de Outlier.

La inversión, por su parte, espera señales del calendario electoral. Daniel Artana, de FIEL, estima que está 11% por debajo de 2023 y que el RIGI aporta muy lentamente, ya que los inversores quieren ver qué le depara Milei en las elecciones de 2027. A esa incertidumbre se sumó la guerra en Medio Oriente, que, si bien elevó la rentabilidad de Vaca Muerta, encareció la electricidad y otros costos energéticos.