El 22 de mayo, tras reunirse con el Presidente en la residencia de Olivos, el canciller Pablo Quirno afirmó haber traído una “Buena Noticia” para el pueblo argentino y adelantó que la fecha sería definida muy pronto, celebrando una primavera que se presentaba “linda”. Cuatro meses y medio después, ese optimismo inicial no se mantiene y la expectativa por la visita papal —que ocurriría exactamente dentro de 30 días— se convirtió en uno de los focos de fricción más inesperados para la Casa Rosada.
El gesto optimista de Quintas, que se refería a la próxima visita del Papa, chocó con un clima de quejas y cuestionamientos dentro de la Iglesia, principalmente por las críticas a la realidad social y económica que persisten en el país y por la percepción de un tono de confrontación en el debate público. Estas señales llegaron de parte de los obispos argentinos, encabezados por Marcelo Colombo, pero con especial énfasis en Jorge García Cuerva, Arzobispo de Buenos Aires, cuyo disenso se convirtió en el más contundente para el Gobierno.
Para gran parte de los jerarcas, el retrato de una economía “milagrosa” que suelen presentar los funcionarios del oficialismo contrasta con lo que perciben sectores más amplios de la población, y coincide con los resultados de encuestas y estudios cualitativos que señalan dificultades para los argentinos, más que un panorama de progreso. Esa lectura ha generado inquietud dentro de las altas esferas oficiales, que, ante el riesgo de un choque directo, han optado por la reserva y la tolerancia pública como estrategia prioritaria. A la vez, la Iglesia ha mostrado señales para moderar el tono, sin retractarse de las críticas que han motivado el malestar gubernamental, especialmente con la cercanía del viaje papal.
Entre tanto, la única expresión pública que cuestionó frontalmente a García Cuerva provino del director del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), Felipe Núñez. Núñez, vinculado a la línea comunicacional del equipo económico liderado por Luis “Toto” Caputo, escribió en redes sociales: “Como católico estoy cansado de este tipo. Menos política y más predicar la palabra de Dios, Cuerva”. Su intervención fue difundida y, según altas fuentes de la Casa Rosada, no se trató de un acto espontáneo: la salida comunicacional habría sido coordinada, con Toto Caputo entre los partícipes de la discusión.
Este episodio refleja un pulso vigente entre la Iglesia y el Gobierno en un momento en que la opinión pública recibe con especial atención el papel de la Iglesia ante el inminente viaje del Papa, sin que el Ejecutivo atraviese un choque directo con una parte de la jerarquía religiosa.



