El jueves, unos diez trabajadores de la quinta de Olivos —cocineros, jardineros y personal de limpieza— fueron impedidos de ingresar y recibieron un mensaje: les llegaría un telegrama. Al día siguiente comenzaron a recibir cartas de rescisión de contrato; no hubo despidos por causa visible, solo la interrupción de la relación laboral.
En el entorno presidencial, la denuncia de filtraciones aparece como eje del relato, en medio de un contexto en el que el propio Milei prioriza una agenda libertaria. En paralelo, Karina Milei, conocida por su influencia, disolvió la Administración General de la Residencia Presidencial de Olivos, que estaba a cargo de Osvaldo Javier Sosa, y la seguridad del Presidente pasó a manos de la Casa Militar, dirigida por Sebastián Ignacio Ibáñez. El argumento oficial es endurecer los controles, pero el episodio coincide con un momento de contacto directo del Presidente con militantes, registrado el viernes en Bahía Blanca, cuando Milei se mostró muy activo y los custodios relataron tensiones: el gabinete de seguridad quedó sorprendido por la intensidad del momento.
Sobre la posibilidad de alertas de la SIDE, la conversación queda abierta. Es sabido que Santiago Caputo suele acercarle al Presidente carpetas azules con información para captar su atención. En una ocasión produjo un listado de cinco jueces objetados por el asesor, encuentro que fue desactivado por el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques. De cualquier modo, el Gobierno mantiene una narrativa de endurecimiento y vigilancia.
La estrategia oficial busca endurecer el discurso: detrás del presupuesto aparece la promesa de recortar áreas como Discapacidad, un tema incómodo para el confortable relato oficial, y, en el plano internacional, una lectura dura sobre Malvinas. En ese marco, Caputo impulsa líneas de acción vinculadas a penas más duras por campañas de desinformación y operaciones clandestinas foráneas. Milei no oculta su interés por ampliar poderes, con miras a una gestión más acelerada.
Una novedad relevante es la convivencia de tensiones y movimientos en clave de choque político: en un episodio anterior, Caputo habría tenido un encuentro secreto con el bloque del PRO en un departamento del microcentro, en el que se escucharon consignas de ruptura con la «casta». En la actualidad, el oficialismo se prepara para la batalla legislativa con un plan de adoctrinamiento económico: Milei mantuvo una reunión de cinco horas con diputados y senadores libertarios para afianzar criterios económicos y buscar apoyo entre aliados.
Al día siguiente, el Presupuesto 2027 desembarcó en la Cámara Baja; el Gobierno insistió con recortes en Discapacidad, señalando ese punto como el talón de Aquiles del relato económico oficial. En respuesta, la senadora Patricia Bullrich dejó ver su malestar: aseguró que temas de esa relevancia no deben discutirse abiertamente y subrayó la necesidad de mantener una postura firme ante la negociación.



