Patricia Bullrich funciona como un termómetro de la salud de los proyectos que integra dentro del espacio oficial. Su postura desafiante hacia Javier Milei alterna entre momentos de desahogo y de cálculo político. A veces se enoja, otras veces bromea; todavía no hay confirmación de una candidatura presidencial desde el oficialismo, pero sus palabras, mensajes y gestos irónicos allanan una duda que atraviesa a militantes y aliados del gobierno libertario: ¿realmente funciona el plan económico?
La bronca de Bullrich por no haber sido informada de recortes adicionales en el área de Discapacidad incluido en el presupuesto dio inicio a una semana tensa para Milei. A esa tensión interna se sumaron datos oficiales que empañaron la celebración de un supuesto éxito histórico de las políticas del gobierno.
El lunes, el Presidente dedicó cinco horas a exponer ante sus ministros y legisladores los supuestos resultados del programa y el camino hacia un crecimiento sostenido si se mantienen el superávit fiscal y la restricción monetaria. Tres días después, el Indec publicó números que confirmaron una caída de 0,6% de la actividad económica en el segundo trimestre. El consumo privado y la inversión se contrajeron, una tendencia que viene desde hace más de un año. La tasa de desempleo subió 0,3 punto. A la jornada siguiente, el Banco Central informó que en julio la mora crediticia de las familias siguió en alza, un fenómeno que Milei describe como una falsedad creada por sus oponentes.
Los indicadores adelantados del tercer trimestre señalan un desempeño flojo en julio para la industria, la construcción y la minería; agosto y septiembre varían según la fuente. En el oficialismo preocupa la posibilidad de otro periodo de contracción, lo que técnicamente podría empujar a la Argentina hacia una recesión. Es una hipótesis que todos buscan evitar, justo cuando la mesa política busca acelerar la ejecución del plan de reelección.
Milei replica a quienes piden cambios y advierte que le tentan para emitir más y gastar más. No quiere arriesgar la desinflación ni la estabilidad cambiaria, dos pilares de su gestión. En público sostiene una postura firme; en privado, admite a sus cercanos que no le incomodaría perder unas elecciones, porque se ve a sí mismo como quien debe hacer lo necesario. Habla de convertirse en un conferencista mundial y necesita un relato en el que la rendición no tenga cabida.
El presupuesto mantiene una impronta de recortes continuos, pese a que el ministro de Economía, Luis Caputo, había explicado en junio que la clave era recaudar más, ya que seguir generando superávit vía ajuste fiscal se vuelve muy difícil. El superávit se mantiene, pero los ingresos fiscales siguen bajando, de acuerdo con las últimas cifras oficiales.



