Como era previsible tras la liquidación de la cosecha gruesa del sector agroexportador, la oferta de dólares bajó y el Banco Central de la República Argentina (BCRA) mantuvo un ritmo de compra prácticamente testimonial. En lo que va del mes, el promedio diario de adquisiciones es inferior a 10 millones de dólares, y ayer la autoridad monetaria apenas sumó 9 millones.
Un informe de la consultora LCG señaló que las compras del BCRA equivalen a solo el 3% del volumen operado en el MULC. “El menor ritmo comprador revela cautela frente a la dinámica cambiaria; más adelante habrá que esperar los datos detallados del MULC para ver si hay mayor participación de personas físicas”, indicaron desde esa firma.
Con este nivel tan bajo de compras, se redujo la presión de demanda de divisas. Por eso, el Central optó por intervenir poco en el mercado, mientras intenta mantener estable el tipo de cambio.
El presidente Javier Milei reforzó la postura oficial de sostener la estabilidad del dólar. En declaraciones a un canal de streaming, afirmó que, si el BCRA no hubiese comprado unos USD 14.000 millones en el año, el tipo de cambio podría estar en unos 1.071 pesos por dólar, en vez de acercarse a los 1.500 actuales.
Desde el equipo económico subrayan que no hay motivos para empujar al alza al tipo de cambio. Destacan una temporada de exportaciones récord, una balanza comercial por encima de USD 25.000 millones y una cuenta corriente positiva.
Además de la limitada intervención, el Central vendió futuros y bonos prendados al dólar oficial para brindar cobertura al mercado. Si bien algunos analistas interpretan estas operaciones como una forma de mantener controlado el dólar de manera artificial, el Gobierno sostiene que forman parte de la capacidad operativa para contener posibles corridas cambiarias.
Las reservas internacionales volvieron a verse afectadas y cayeron por debajo de los USD 50.000 millones en términos brutos, como resultado de la intensidad de la intervención reciente.
Un objetivo clave de mantener la estabilidad cambiaria es facilitar la desinflación. En agosto, el índice de precios mostró una baja de 1,7%, el menor de 2024 y de los últimos 14 meses, y se espera que septiembre se mantenga por debajo de 2%. Avanzar en un salto cambiario podría entorpecer ese proceso de menor inflación en un año electoral.
En tanto, la atención está puesta en el EMAE de julio, cuyo informe se publicará la próxima semana. Según los pronósticos de LCG, se espera una caída de alrededor de 0,8%. El rango de error refleja la contracción ya verificada en los sectores industrial y de la construcción.



