La Casa Rosada observa con preocupación los signos de la economía, pero el oficialismo mantiene que no hay un escenario inminente de tensión social. En medio de filtraciones sobre la continuidad de Luis Caputo en Economía —cuestión que desde el oficialismo aseguran no discutir seriamente—, el entorno que acompaña a Milei busca proyectar tranquilidad y generar expectativas a futuro.

Se minimiza el impacto de los temas sociales sensibles que la oposición ha señalado como emblemas contra la gestión. Aun cuando esas problemáticas han irrumpido en la agenda desde la semana pasada, las autoridades sostienen que, por más reales que sean, no bastan para inclinar a la opinión pública ni para convertir a la masa de indecisos hacia la oposición, que hoy está fragmentada. Afirman que Milei aún tiene capacidad de generar atención y confianza; aceptan que la paciencia podría agotarse ante lo que se ha denominado el “metro cuadrado” de la política, pero, por ahora, ven un marco estable.

No todo es negación. Aunque defienden con firmeza el modelo económico, admiten que los efectos de la caída de la actividad y la situación en el Conurbano están complicados. Un referente del sector violeta comentó que, en años recientes, muchos conocían a alguien que se iba del país; ahora hay quienes tienen a alguien cercano que cerró un negocio o quedó sin trabajo.

Aun así, no ven un escenario de crispación social. Consideran que los intendentes no tienen la capacidad para convocar revueltas y que el terreno no está fértil para incidentes espontáneos. Un analista libertario que frecuenta el conurbano dijo que la gente sale a la calle a romper todo cuando no puede alimentar a sus hijos; hoy, sostuvo, esa situación no se está dando.

El Gobierno mantiene el pulso sobre las partidas de asistencia social que administra Capital Humano. En privado, admiten que “los endeudados no se endeudan para comer”, una afirmación que resulta políticamente incómoda pero que buscan sostener. Señalan que las importaciones continúan en alza, con Temu y Shein operando, y destacan mejoras visibles en el vestuario de los barrios como un efecto apreciado por la gente, aunque lo presentan como un dato menor.

A la vez, aparece una autocrítica dentro del equipo. Plantean que “hace falta el látigo, pero también una caricia; hoy muchos quieren imitar a Milei”, comentó un estratega aludido a la impronta agresiva de algunos ministros o referentes violetas. Sobre la dinámica mediática, confían en la capacidad del Presidente para mantener la conversación sobre sí mismo sin aburrir: Milei, sostienen, no es estático; es, para sus operadores cercanos, una pieza de entretenimiento que podría sostener buena percepción pública durante la gestión.