La llegada de más modelos de autos eléctricos e híbridos enchufables al mercado argentino motivó a un número creciente de conductores a evaluar la transición desde vehículos con motor de combustión. Entre noviembre de 2025 y mayo de 2026 ingresaron al país alrededor de 80.000 unidades de estas tecnologías.

Los vehículos eléctricos funcionan gracias a un motor impulsado por una batería de litio que debe recargarse. En los híbridos enchufables, la batería convive con un motor de combustión interna. En los primeros, la recarga es central; en los segundos, disponer de una opción de recarga propia facilita aprovechar al máximo el funcionamiento eléctrico y lograr mayor eficiencia de consumo.

La lógica de uso se parece a la de un teléfono celular: al regresar a casa, el conductor puede conectar el auto a un punto de recarga y dejarlo cargando durante varias horas. La frecuencia de esta operación depende de los kilómetros recorridos, la capacidad de la batería y la autonomía de cada modelo.

En un eléctrico, la autonomía varía según el vehículo, el estilo de conducción y las condiciones de uso. En los híbridos enchufables, el ahorro de combustible depende en gran medida de la regularidad de la recarga de la batería, para que el coche circule la mayor parte del tiempo en modo eléctrico.

Contar con un punto de recarga en el hogar reduce la dependencia de estaciones públicas o de enchufes en el trabajo. Actualmente, en Argentina hay menos de 400 puntos de recarga pública, lo que limita la disponibilidad.

La instalación implica un desembolso inicial. El cargador suele costar entre USD 650 y USD 950; el cable, entre USD 200 y USD 300; y la instalación eléctrica adicional, entre USD 500 y USD 650. Los montos pueden variar según el equipo, su potencia y las condiciones de la vivienda. Algunas marcas incluyen el cargador dentro del precio del auto, aunque no es una práctica generalizada.

Por ese motivo —o porque en algunos edificios no está permitido instalar un cargador doméstico— hay propietarios que siguen recargando en puntos públicos, una opción posible pero que puede requerir tiempo y generar un costo eléctrico mayor según la tarifa vigente.

Existe también el cargador portátil, que se conecta a una toma de corriente y opera en corriente alterna. Suele entregar hasta 2,2 kW, por lo que se considera una solución de uso ocasional o de emergencia. Su precio oscila entre USD 270 y USD 450; hay casos en que algunos vehículos lo traen de fábrica.

Una batería de 50 kWh puede costar entre 35.000 y 40.000 pesos por recarga en un punto público, según la empresa y el lugar. En casa, esa misma carga puede costar entre 10.000 y 12.000, según la tarifa aplicable.