Milei y su entorno muestran una euforia evidente por el resultado de Flavio Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones en Brasil. Sostienen que ese avance de la ultraderecha se enmarca en un giro regional y que las relaciones exteriores, hoy, operan más como disputas entre facciones que como vínculos entre Estados, con la defensa de intereses partidarios por encima de los nacionales.
El propio Presidente parece haber buscado un impulso personal en este desenlace electoral: participó activamente en la campaña, enfrentó públicamente a Lula da Silva y al juez Alejandro de Moraes, figura central en la contienda. En ese marco, circula la versión de que podría repetir la idea que otros dirigentes han empleado, de que los candidatos respaldados por él “siempre ganan”; la referencia más próxima es la de Donald Trump, quien también apoyó a Bolsonaro.
En lo político, la alegría contiene un matiz económico. La economía argentina continúa sin resultados concluyentes y, en ese contexto, las señales positivas que se destacan deben ponerse frente a lecturas más complejas de los datos. Ayer, el secretario de Economía, Luis “Toto” Caputo, difundió en Twitter que el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) creció 1,9% en agosto. Ese avance fue motivo de aplausos para su equipo, aun cuando existen dudas sobre la interpretación de ciertos indicadores desde la visión oficial.
De todos modos, la crítica apunta a que Caputo suele escoger el dato que más le conviene. En el pasado ya coincidió en presentar números con una lectura determinada según el objetivo que persigue. Por ejemplo, cuando habló de la inflación, prometiendo en marzo que la inflación minorista de agosto arrancaría en 0, mientras que en realidad el 0 anunciado correspondió al componente mayorista, que fue 0,8%; el dato minorista terminó arriba de 2% en ese mes. En agosto, la inflación minorista fue 1,7% y la mayorista 2,1%.
La nota subraya además el paralelismo con una vieja observación de Julio María Sanguinetti: si uno dice qué va a decir, no diga cuándo; y si ya dio la fecha, no diga qué. En ese marco, hay quienes sostienen que el Presidente no logra evitar la sensación de que la realidad económica no responde a sus proyecciones. Como cierre, el texto recuerda que la economía argentina continúa dando señales difíciles para sostener una lectura optimista, y deja flotando la pregunta sobre cuánto de todo esto es una coyuntura favorable para la gestión en el plano internacional y cuánto dependerá de la trayectoria macroeconómica interna. ¿Hasta dónde llegará esa lectura? El tiempo dirá.



