Christian Horner llegó a Red Bull en 2005, cuando tenía 31 años y la marca austríaca acababa de ingresar a la Fórmula 1. Su gestión marcó la era más exitosa del equipo hasta la fecha: en 2010 Sebastian Vettel conquistó su primer título mundial, iniciando una racha de cuatro campeonatos consecutivos que consolidó a Red Bull como rival a vencer. Entre 2010 y 2013, la casa de bebidas energéticas también logró cuatro títulos de constructores.
Con el paso de los años, Verstappen devolvió al equipo la hegemonía en la pista: el holandés sumó cuatro campeonatos mundiales entre 2021 y 2024, y Red Bull levantó los certámenes de constructores en 2022 y 2023. En total, durante su gestión, la escudería acumuló 124 victorias, ocho títulos de pilotos y seis de constructores. Horner, conocido por su talante directo, también se convirtió en una figura polarizada dentro del paddock, con cruces notables con Toto Wolff, jefe de Mercedes, especialmente durante la definición del campeonato de 2021.
Con el paso del tiempo, su influencia creció hasta ocupar, además de la Dirección del equipo, la presidencia de CEO, lo que consolidó un poder cada vez más centralizado. Esa concentración fue, para algunos, fuente de tensiones internas que terminaron erosionando apoyos en la estructura de la firma.
La salida de Horner llegó el 9 de julio de 2025 y sorprendió por su rapidez, dado que los problemas internos venían acumulándose desde hacía más de un año. En ese marco, trascendió que la decisión vino acompañada de una indemnización de alto monto, a la que se refirió la nota como una “cifra millonaria” asociada a su desvinculación.
Los hechos se precipitaron semanas antes cuando, en febrero de 2024, una empleada de la escudería presentó una denuncia por comportamiento inapropiado y presunto acoso sexual. Horner negó las acusaciones y, tras dos investigaciones, tanto la denuncia como la apelación fueron desestimadas. Pero la exposición mediática de mensajes privados y el choque entre visiones de poder tensionaron aún más la relación entre Horner y la dirección de Red Bull, afectando la dinámica interna de la estructura.
La polémica también dejó entrever la fragilidad de las relaciones dentro de la firma, con menciones a la relación entre Horner y figuras de alto nivel como Helmut Marko, lo que reflejó un panorama de disputas que trascendió lo deportivo y terminó impactando la gestión del equipo.



