La mora en el crédito mantiene su foco en las personas y, pese a no convertirse en un riesgo sistémico para el sistema financiero, sí complica la recuperación económica al restringir el consumo y la actividad. Un informe de la consultora Eco Go, basado en la Central de Deudores (Cendeu) del Banco Central (BCRA) con data recopilada hasta junio de 2026, señala que casi seis millones de individuos estaban en situación de mora, cifra que se quintuplicó desde fines de 2024.
El documento indica que la cantidad de crédito en mora representa un peso acotado en los balances de las entidades, y que una fracción creciente del crédito a personas se origina fuera de la banca tradicional. Prestadores no bancarios y fintechs no captan depósitos ni intermedian el ahorro del público, por lo que la transmisión de la mora no funciona con la misma mecánica que una cartera financiada con depósitos.
El informe advierte que el daño llega por otro conducto: la mora deteriora el balance de las familias, encarece y restringe el crédito nuevo, y termina afectando el consumo, la actividad y, cada vez más, la capacidad de generar ingresos al afectar el capital de trabajo. Además, señala que se convirtió en un tema político que cruza la base electoral del Presidente.
En palabras de Eco Go, el cuadro no constituye un riesgo sistémico, pero sí representa un problema macroeconómico que complica las chances de sacar adelante una economía con señales de estancamiento, cierres empresariales y pérdida de empleo en el sector formal.
Según la firma encabezada por la economista Marina Dal Pogetto, el escenario se complejiza por tasas de interés activas altas, mayor endeudamiento y plazos más cortos, sumados a la caída de ingresos reales y del empleo formal, lo que elevó significativamente la carga financiera de los hogares.
El informe especifica que la proporción de la deuda —pagos de capital e intereses— escaló ocho puntos porcentuales, llegando al 20% de los ingresos totales, que abarcan salarios formales e informales, a fines del año anterior. Este tramo explica gran parte de la disminución del ingreso disponible tras el gasto estructural (incluye servicios) y la carga de la deuda, lo que limita la capacidad de las personas para enfrentar sus obligaciones y mantener o aumentar su nivel de consumo.
Tras una etapa de subida, la morosidad mostró una leve descomprimir desde marzo gracias a refinanciaciones “caso por caso” implementadas por las entidades, pero los datos agregados siguen aumentando.
Eco Go identifica cinco motores de la dinámica crediticia y, con ese marco, ofrece una radiografía de la mora centrada en las personas y de sus efectos sobre la recuperación del consumo y la demanda. Aunque no configura riesgo sistémico, sí condiciona el ciclo macroeconómico y la creación de empleo formal, con impactos claros sobre el crecimiento.



