Tras años de restricciones, el segmento de lujo en Argentina muestra señales de reactivación. La combinación de estabilidad económica, una mayor presencia de marcas internacionales y una evolución hacia experiencias más profundas está configurando una fase de crecimiento, con cambios importantes en el modelo de negocio: menor dependencia del consumo aspiracional, reducción de ostentación y una creciente influencia de la inteligencia artificial en las decisiones de compra.

El mapa comercial ya refleja esta reactivación: en los últimos meses varias firmas internacionales reanudaron planes de expansión en el país. En el rubro moda, llegan Paul & Shark, Barbour, Maje, Sandro, Intimissimi y Dolce & Gabbana; en relojería, Audemars Piguet y Breitling avanzan con aperturas en locaciones clave como Patio Bullrich y Puerto Madero.

A escala global, el informe True-Luxury Global Consumer Insights, elaborado por Boston Consulting Group (BCG) junto a la fundación italiana Altagamma, proyecta un crecimiento del sector de bienes y experiencias de lujo entre 2% y 5% para 2026, con una aceleración hacia un rango de 4% a 7% para 2029.

“Tras un periodo de reajuste, el lujo está retomando senderos de crecimiento sobre una base más sólida y equilibrada”, afirmó Alfonso Astudillo, managing director y partner de BCG. Según su visión, la próxima etapa de expansión estará impulsada por una pirámide de consumidores más balanceada, una mayor profundidad en la relación con los clientes y un interés creciente por experiencias asociadas al estilo de vida.

A nivel local, la transformación también se nota. Anabella Weber, consultora que trabajó con marcas del segmento, describe a un consumidor argentino más informado, selectivo y exigente: ya no compra por gusto de una marca, sino que evalúa producto, experiencia y servicio. Además, es cada vez más global: compara, viaja y conoce lo que ofrecen los mercados internacionales. Los argentinos figuran entre los principales compradores de lujo fuera del país en destinos como Miami, Madrid o Milán.

Durante la última década, gran parte del crecimiento global estuvo sostenido por los llamados consumidores aspiracionales, quienes ven el lujo como una vía para acercarse a un estilo de vida deseado, pero este grupo también llevó volatilidad al mercado. Ahora, más del 75% de esos consumidores espera mantener o aumentar su gasto en los próximos 18 meses y la intención neta de compra subió 7% frente a 2025. Paralelamente, los segmentos de mayores ingresos consolidan su protagonismo en el mercado.