La buena sintonía aparente entre Argentina y Chile, que quedó en evidencia tras la visita de Milei a Santiago hace un mes para reunirse con Kast, dejó en claro que la desconfianza entre ambos países no se ha disipado. Dos ejes vuelven a ocupar un lugar central: la discusión sobre la soberanía de las Islas Malvinas con Gran Bretaña y la cuestión del control y tránsito por el Estrecho de Magallanes, tema sensible para la defensa chilena.

Antes del Argentina Week, cuando el Gobierno argentino ya apuntaba a darle impulso a la agenda exterior desde París, el ministro de Defensa chileno, Fernando Barros Tocornal, generó fricción al afirmar que, si bien apoya el reclamo argentino por Malvinas, existe una soberanía británica de hecho que lleva dos siglos sobre el territorio. El canciller argentino, Pablo Quirno, respondió de forma contundente, señalando que las palabras del ministro no modifican la realidad y que el tema debe manejarse por otros cauces.

En lo relativo a la relación económica, surgieron cuestionamientos en torno a una ruta comercial entre Punta Arenas y las islas Malvinas. Máximo Pavez, subsecretario del Interior, dijo que, si el comercio se realiza conforme a la normativa internacional, es aceptable, mientras ya se produjo la llegada de una delegación de empresarios e isleños a Punta Arenas, en un viaje que incluyó encuentros y que provocó protesta de la Cancillería argentina. Por su parte, Quirno recalcó que Chile no actuará como proveedor logístico para la explotación de recursos naturales en Malvinas, citando los acuerdos firmados entre Kast y Milei el 3 del mes anterior en Santiago.

La cuestión provocó malestar en provincias limítrofes, como Santa Cruz y Tierra del Fuego. El gobernador fueguino Gustavo Melella celebró lo que percibe como un cambio de posición oficial respecto a la causa Malvinas y se presentó la semana pasada como querellante en la causa Sea Lion, que busca avanzar en la exploración y explotación petrolera en las islas, en el marco de la estrategia oficial de defensa de la “causa nacional” y la vía diplomática para la recuperación.

Aun así, fuentes diplomáticas de ambos lados señalan que la conversación sobre Malvinas y Magallanes no se ha cerrado y que las gestiones y enfrentamientos siguen formando parte de la agenda bilateral, con un clima de mayor cautela en momentos de alta sensibilidad en la región.