La noche en el estadio Monumental de Núñez dejó atrás la nostalgia para convertirse en un episodio donde la despedida de Lionel Andrés Messi quedó ensombrecida por una operación logística controvertida. Argentina derrotó 3-0 a Benín, con Messi marcando desde el penal y entregando dos asistencias, sumando así su gol número 126 con la camiseta albiceleste. El partido, que cierra un ciclo del capitán, se vivió como un cierre a mediados de una temporada que ya mostraba el peso de su figura dentro y fuera del campo.

Previo a este encuentro, el equipo nacional había sido sorprendido por una goleada 7-0 ante Burkina Faso el sábado anterior. En ese contexto, la organización del evento provocó un fuerte debate entre la hinchada y los analistas, con unas 50.000 personas expresando abucheos hacia la AFA, mientras otros aspectos logísticos complicaban la experiencia en el estadio y la movilidad alrededor de Aeroparque para la terminación de los preparativos.

El show de drones que acompañó la noche intentó dibujar la silueta de Messi cuando tocaba la pelota; el recurso tecnológico fue diseñado para presentar al capitán con la pierna derecha, pese a que Messi es zurdo. La proyección provocó asombro en la tribuna y en el propio jugador, que observó el efecto con incredulidad.

En lo deportivo, Enzo Fernández mostró emoción en el centro del campo y recibió atención emocional durante el partido. Messi, entretanto, siguió siendo protagonista: participó activamente, convirtió un gol y dio dos asistencias, cerrando su participación con la selección de forma contundente y con la eterna presencia de su juego y liderazgo.

El dispositivo del evento contó con el patrocinio de Sancor Seguros y, según la cobertura, buscó convertir la despedida en un gran espectáculo. Aun así, la noche dejó claro que el marco institucional y logístico puede generar más discusión que la propia despedida deportiva, pese a que Messi reafirmó, una vez más, su grandeza dentro del fútbol argentino.