En la gestión pública suele haber un momento en que la realidad se complica y empuja a revisar los planes. Pero existe un estadio aún más delicado: cuando la autoridad busca sostener su relato y termina desligándose de la percepción general. Es la fase en que los mensajes de presidentes y ministros suenan como un ruego repetido que, en vez de movilizar, genera desencanto.

Ese desajuste quedó a la vista esta semana, al cruzarse un cuadro de indicadores económicos muy sensibles con indicios de que la confianza en la palabra oficial se resquebraja. El tema no solo resonó en el ámbito financiero, donde el foco estuvo puesto en las intervenciones de Javier Milei y Luis Caputo en Nueva York, sino que empezó a permear entre quienes respaldaron al Gobierno en las urnas.

En apenas diez días, se dieron a conocer varias señales negativas: la tasa de desempleo subió a 7,9%, el Producto Bruto Interno cayó 0,6% en el segundo trimestre y la actividad económica retrocedió 2,9% respecto del mes anterior. El consumo masivo se desplomó 1,5% interanual y la pobreza avanzó 4,1 puntos, ubicándose en 32,3%. A contracara de este panorama, el dato favorable fue la inflación, que se redujo a 1,7%.

No hace falta ser técnico para entender que algo funciona mal. Estas cifras sugieren que los esfuerzos por contener el precio de los bienes, la cotización del dólar y el equilibrio fiscal están frenando la actividad económica, marcando una caída respecto de los motores de gobiernos anteriores, que, si bien mantenían la economía en marcha, lo hacían a costa de desajustar otras variables.

Dentro de la Casa Rosada circula una gran preocupación, especialmente entre quienes conducen la agenda política. Patricia Bullrich es la voz más desafiante, aunque no es la única que advierte la dificultad de lograr acuerdos electorales o sostener la campaña bajo este panorama. Karina, la hermana de Milei, percibe la magnitud del problema, pero no hará valoraciones públicas que marquen a su hermano. En las reuniones de los martes, este tema aparece como el más crítico, pero nadie se anima a darle más entidad de la debida.

Entre rumores y nerviosismo que se cocinan a puertas cerradas, Milei y Caputo viajaron a Nueva York para reunirse con empresarios y gestores de fondos de inversión. Allí defendieron la tesis de la economía argentina: crecimiento sostenido y un escudo ante cualquier turbulencia electoral.

Caputo aportó un dato llamativo: la corrida cambiaria de los cuatro meses previos a los comicios de 2025 implicó US$7.900 millones por encima del promedio mensual de compras de ahorristas, que es US$1.700 millones. Luego aclaró que esa presión se desaceleró en el semestre siguiente, puntualizando que “se dolarizaron los flujos, no los stocks” y que no hubo problema de stock. En ese marco, enumeró las posibles opciones de financiación que se contemplan para afrontar el escenario, aunque el tramo final de la exposición quedó pendiente de un cierre formal.