El sol volvió a salir para la última sesión de Lionel Messi con la selección argentina en el complejo de Ezeiza. Tras varios días de clima gris en la Ciudad, la tarde fue emotiva y marcó el cierre de una etapa para el capitán. A las 17:43, luego de una serie de trabajos en el gimnasio, Messi apareció en la cancha principal, escenario de entrenamientos que se volvieron parte de su historia durante más de dos décadas.
Durante el inicio de los ejercicios, el jugador se situó al final de la formación y se mantuvo en esa posición durante los trabajos entre conos, cediéndole el protagonismo a sus compañeros, como si empezara a asumir un lugar distinto dentro del grupo a partir de este martes, fuera de la cancha.
Sin embargo, en cuanto tomó contacto con la pelota, la competencia volvió a estar presente. Messi mostró su habitual carácter competitivo, reclamó jugadas y mantuvo ávido el ritmo, incluso cruzándose con Rodrigo De Paul en una jugada. A menos de 24 horas del cierre de su ciclo con la Albiceleste, el delantero quiso ganar, incluso en un entrenamiento.
El capitán compartió el terreno con un compañero de Inter Miami y sumó movimientos iniciales junto a Cristian Romero, Lisandro Martínez, Nicolás Otamendi, Enzo Fernández, Giovani Lo Celso, Julián Álvarez y Lautaro Martínez, varios de los futbolistas que lo acompañaron en los mejores años de la selección y con quienes forjó lazos que van más allá del fútbol.
Entre la gente en el exterior, unas 150 personas esperaban en la plazoleta alrededor del monumento a Diego Maradona, cerca de la entrada al predio. Sabían que era poco probable cruzarse con Messi, pero igual estaban allí, con camisetas albicelestes y celulares en mano, deseando vivir un acercamiento en estas horas finales.
El plantel se había concentrado desde el sábado, tras la victoria frente a Burkina Faso, y si bien debía dirigirse directamente al Monumental para el tramo final, varios aficionados y curiosos optaron por permanecer cerca para sentir ese instante de despedida.
Entre las figuras cercanas al astro, estuvieron Ezequiel Lavezzi, excompañero y amigo, y Cristian González, quien compartió sus primeros años en la selección y hoy dirige en Estados Unidos. También participó Pepe Costa, su colaborador y asesor desde los días de Barcelona. Tres personas muy cercanas que eligieron acompañarlo en un día cargado de nostalgia y de gestos simples que marcaron su historia.
Messi mostró un vínculo distendido, con momentos de sonrisa contenida, sin exhibiciones públicas de emoción. La entrada en calor se realizó lejos de la prensa, procurando preservar cierta intimidad en una jornada diferente a un partido oficial: sin la presión que suele rodear una cita decisiva, pero sin la relajación típica de un amistoso. Los jóvenes que buscan abrirse camino en la selección pudieron observar, desde los costados, a la figura a la que crecieron viendo.
El día dejó a todos la sensación de que, más allá del resultado, se vivió un episodio que reafirma la influencia de Messi en la historia de la presencia argentina y la huella que deja en cada tramo de su trayectoria.



