River perdió 2-1 frente a Huracán en el Monumental y cortó la sequência de tres victorias que llevaba bajo la conducción interina de Leonardo Ponzio. El duelo expuso las complicaciones que afronta el equipo en este tramo acelerado del campeonato, además de las imponderables propias del oficio de dirigir.

En menos de una media hora, River se quedó sin dos atacantes clave cuando Thiago Almada y luego Andrada debieron abandonar el encuentro por lesión. La entrada de Arambarri no logró estabilizar el funcionamiento, y Ponzio optó por apenas tres modificaciones en un marco de preocupación por la continuidad física de sus jugadores: Meza y Pereyra ingresaron para intentar refrescar el ataque, mientras Ortega reemplazó a Acuña ante la imposibilidad de que el lateral campeón del mundo pudiera completar los 90 minutos.

El equipo de River volvió a mostrar un volumen ofensivo notable (alrededor de 20 remates en total), pero la eficacia fue mínima, con solo tres tiros dirigidos entre los tres palos. En defensa, la actuación dejó muchos reproches, y Huracán, con contretes ataques aislados, encontró la forma de poner bajo presión a un River que mostró fracturas en su estructura.

Huracán salió al campo con una idea clara: presionar alto y cortar los espacios para sacar ventaja en transición. Eso le permitió manejar los ritmos del juego cuando River intentaba buscar profundidad, y, así, el Globo encontró el gol temprano con Cortés, un tiro libre cruzado que encontró desafortunadamente a River desarmado en la jugada previa al despeje de Martínez Quarta.

Driussi tuvo una buena acción tras pase de Vera, pero Galíndez respondió con una atajada de mérito que podría contar para el prestigiado historial del arquero en la competencia. River, por su parte, no logró hilvanar la puntada final que necesitaba para darle vuelta al marcador, sumando un nuevo tropiezo que lo deja complicado en la lucha por regresar a los ocho clasificados y a la pelea por la Tabla Anual.

La caída también afectó la dinámica de continuidad táctica que venía sosteniendo River: mantener la misma formación por cuarto encuentro consecutivo se deshizo apenas a los pocos minutos, cuando Almada salió por la lesión en el cuádriceps izquierdo y Beltrán ingresó para ocupar su lugar, cambiando el dibujo y obligando a Correa a retroceder para actuar de enganche.

En definitiva, River queda atravesando un bache y deberá rearmar ideas para encarar los próximos compromisos, mientras Huracán celebra un triunfo valioso en un escenario complicado, y que deja a Ponzio a prueba frente a la necesidad de ampliar y consolidar su idea de juego.