Cuando se habló de que no se llega a fin de mes, en la práctica se estaba aludiendo a una caída del poder adquisitivo de la población. Expresar que alguien es más pobre hoy que ayer puede resultar menos agresivo que hablar de una merma en la capacidad de compra; así se intenta construir un lenguaje que aporte calma frente a la crisis. En la vida cotidiana, ir de compras puede sentirse como ver un noticiero paralelo: una vecina, sin poder gastar, dijo que para ella la pérdida de poder adquisitivo tiene un peso comparable al duelo por un ser querido.

La UBA acumula años de reducción de su poder de compra, según críticas que relacionan esa situación con actos de gente que, desde la visión oficial, alteran la economía. El presidente afirmó que nunca se buscó privatizar la universidad ni contemplar aranceles. Este giro retórico —acerca de desmentir información para fines políticos— no es un rasgo nuevo; forma parte de una tradición de ocultamiento de la verdad para sostener determinados intereses. Y la idea de que hay un límite que se impone a partir de una excepción perdura, incluso cuando no se aprecia de forma explícita.

En 1995, Maradona visitó la UBA para oponerse a los recortes presupuestarios durante la gestión de Menem. Hizo jueguitos con una pelota de papel en un aula cansada para expresar que “sin universidad no hay patria”. No se trató de una visita institucional: el país discutía la Ley de Educación Superior. El martes 6 de octubre, Lionel Messi recibió la medalla y el diploma de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires. Con la distinción en la mano y la despedida por delante, afirmó que aquel reconocimiento tenía un significado más allá del fútbol.

El texto sugiere que el gobierno evita entrar en diagnósticos o estrategias porque reconocerlos implicaría admitir que el objetivo real es debilitar la universidad pública y reducirla a su mínima expresión. Se señala que la presión financiera busca sembrar un terror existencial para empujar a la única salida: rendirse. Quienes denuncian la supuesta ideologización de la educación pública señalan la existencia de instituciones “pseudouniversitarias” que certifican méritos de forma conveniente para sus financistas y usuarios, construyendo una verdad que les sirve. Así, la UBA resulta incómoda: su verdad no tiene dueño único, no responde exclusivamente al Gobierno, al mercado ni a la figura de turno, sino que se define por criterios de evaluación propios que sostienen su autonomía.