En una semana de fricción entre la Casa Rosada y la Cámara de Diputados, Patricia Bullrich sumó un nuevo desmarque como jefa del bloque de La Libertad Avanza (LLA) en el Senado. Sus aliados repiten que “ella juega su juego”, una lectura que busca justificar un tono de autonomía dentro de una coalición que no quiere romper.

La movida llega luego de una salida pública de Bullrich en la que tarareó la canción No me importa de Lali Espósito, en claro señalamiento a críticas del Presidente. En paralelo, el Gobierno trató de contener el consumo de combustible político que le genera la escalada de Bullrich, manteniendo la idea de no confrontar de forma abierta con la lideresa de la oposición dentro de la alianza.

El episodio relevante se dio cuando, a última hora del martes, Diputados recibió el Presupuesto y, en menos de 24 horas, el oficialismo dio un giro radical al borrador que pretendía presentar para superar la prórroga de discapacidad impulsada por la oposición. Se incorporaron “innegociables” que ya eran conocidos por el Gobierno y que, según sus cálculos, buscaban contener ciertas resistencias del Pro.

Sin embargo, la versión final del texto oficial derogó varios artículos clave de la prórroga de discapacidad. El cambio más resonante fue la eliminación de la actualización automática, mensual y en forma de IPC de los pagos a los prestadores, una modificación que generó alarma entre gremios y proveedores y que marcó un antes y un después en la negociación presupuestaria.

El impacto inmediato recayó en Martín Menem, al frente de la bancada de LLA en el Senado, así como en las diputadas oficialistas Silvana Giudici y Laura Rodríguez Machado, que debieron responder ante las quejas de los prestadores durante el plenario de las comisiones de Presupuesto y Discapacidad. Los representantes del sector advertían que la crisis podría agravar la situación de la actividad.

La reacción de La Libertad Avanza fue contundente: reconocieron el cortocircuito, pero insistieron en que no hay quiebre con la Casa Rosada ni con Karina Milei, esposa del Presidente. En tono crítico, admitieron que se produjo una ruptura interna de expectativas, aunque sostuvieron que la relación institucional se mantiene.

Desde el plano analítico, las lecturas señalan que Bullrich está condicionando su maniobra a los sondeos: según distintas consultoras, su diferencial de imagen positiva versus negativa puede situarla, en algunos casos, por encima del Presidente; en otros, a la par. El argumento central es que la líder de LLA quiere dejar asentada una cierta autonomía, un valor que, según analistas, podría chocar con la urgencia del Gobierno de sostener su timón político ante un escenario electoral en 2027.

En definitiva, la escena muestra que Bullrich no quiere romper con el Gobierno, pero sí elevar su peso estratégico y señalar límites; el oficialismo, por su parte, intenta gestionar las fricciones para no perder el cauce en una coalición difícil de sostener en tiempos de calendario electoral.