Las impresoras 3D actuales permiten convertir un archivo digital en un objeto físico y, si bien hoy hay modelos para uso doméstico que pueden fabricar desde juguetes o repuestos hasta calzado, hay un factor menos conocido que puede condicionar el resultado final: el estado del filamento.

En la práctica, una impresora de filtramento por filamento (FDM) se alimenta con una bobina de plástico, la calienta y deposita el material en capas muy finas para construir la pieza. Pero la impresora es solo una pieza de la ecuación: a medida que se las usa, emergen otras variables como los diferentes tipos de filamento, las boquillas, las superficies de impresión, sistemas que permiten cambiar colores automáticamente y accesorios para conservar el material.

Entre esas variables figura la humedad del filamento, un detalle al que muchos novatos no le prestan atención al comprar su primera máquina. Los filamentos PLA, PETG, ABS, ASA, nylon o policarbonato vienen en bobinas selladas al vacío con bolsas y perlas de sílice para evitar que la humedad afecte el material antes de abrirse. Muchos de estos materiales son higroscópicos, es decir, absorben agua del ambiente.

El problema aparece cuando ese filamento llega a la boquilla caliente. El agua acumulada se convierte en vapor y puede generar burbujas, irregularidades en la superficie, peor adhesión entre capas y los conocidos “strings” o hilos de plástico que quedan entre partes del objeto. En los casos más extremos, la impresión falla.

Para quien recién empieza, es común culpar a la impresora y modificar temperaturas o configuraciones, cuando quizá el inconveniente esté en el estado del filamento.

Ahí entran las soluciones para almacenar y secar bobinas. Dos productos recientes permiten entender que existen enfoques bastante diferentes para resolver el mismo problema. El FilaDC i10, desarrollado por INSLOGIC y SUNLU, funciona como una especie de cava para filamentos: puede almacenar hasta diez bobinas de un kilo dentro de un ambiente con humedad controlada hasta el momento de usarlas.

A diferencia de los secadores tradicionales que dependen del calor, el i10 hace circular aire dentro de una cámara a través de un tamiz molecular, un desecante que captura la humedad. Cuando el desecante se satura, el sistema se autorregenera calentándose para expulsar el agua acumulada y recuperar su capacidad de absorción. Los sensores internos determinan cuándo alternar entre ambos procesos. Su principal ventaja es que evita exponer el filamento a calor constante durante el almacenamiento, manteniendo estable la humedad y las condiciones de las bobinas hasta el momento de su uso.