La incidencia de la suba del petróleo en la economía argentina es ambivalente: trae beneficios indirectos, pero genera dolores de cabeza por el lado inflacionario y financiero. Esta semana, el barril Brent cerró con una ganancia cercana al 3% el viernes y se sitúa próximo a los 110 dólares por unidad, según lo seguido por las petroleras locales.

El propio presidente Javier Milei advirtió que el incremento de precios internacionales tuvo un efecto adverso sobre el crecimiento económico este año. Señaló que las subidas de tasas en Estados Unidos, impulsadas por una inflación más alta provocada por el shock petrolero, contributing a un ajuste global: “El mundo tiene tasas de interés más altas y eso provoca un crecimiento más bajo”, afirmó.

Los rendimientos elevados de los bonos estadounidenses repercutieron en activos de riesgo. El Nasdaq, índice de tecnología, cayó alrededor de un 5% en la semana previa. Los inversores temen que las empresas ligadas a la inteligencia artificial requieran capital para expandir data centers y la fabricación de chips; con tasas más altas, ese costo se eleva y las expectativas de ganancias futuras se ven comprometidas.

En este contexto, los bonos argentinos no escapan a la realidad internacional: el deterioro de los mercados globales empuja al alza el riesgo país, que este viernes aceleró su trayectoria hasta situarse en 648 puntos básicos. Es un reflejo del ambiente de tasas altas, mayor inflación y tensiones geopolíticas que desincentivan la demanda por activos de riesgo, entre ellos la deuda local.

El economista Marcelo Blanco, ex presidente de Deutsche Bank Argentina, comentó que los bonos argentinos “tienen un problema de diseño” heredado de la reestructuración de 2020 liderada por Martín Guzmán. Según su visión, estos títulos resultan poco atractivos para los inversores porque ofrecen cupones muy bajos. Un ejemplo son los Bonar 2030, con un cupón del 1% anual, frente a rendimientos de la deuda estadounidense de similar plazo que están alrededor del 5%. “Si nuestro diseño hubiese sido más atractivo, hoy estarían rindiendo aproximadamente 150 puntos básicos menos”, afirmó.

Paralelamente, el aumento del petróleo está ejerciendo presión inflacionaria en Estados Unidos, donde el costo de la gasolina se ha elevado de forma notable en el último tramo, con impactos que se extienden a la economía mundial.

La inflación mayorista local también mostró presión. El Indec informó un ascenso del 3,2% en el mes. Según la consultora LCG, el petróleo y el gas subieron 15% en ese periodo, sumando 1,4 puntos porcentuales al avance total mensual y dejando una variación interanual del 68%. En consecuencia, las empresas enfrentan costos de producción cada vez mayores por la suba del crudo, y solo pueden trasladar parte de esa alzas al precio final.

En suma, en un contexto de tasas más altas, crecimiento global debilitado y tensiones en el frente externo, el panorama para la economía argentina permanece complejo: el costo del financiamiento y la presión inflacionaria limitan la capacidad de las empresas para mantener márgenes ante el encarecimiento de insumos. Este cóctel de factores explica, al menos en parte, la dinámica reciente del riesgo país y el comportamiento de la deuda local.