Las imágenes desde el Litoral muestran un escenario de alta tensión: la acción de las lluvias y las crecidas mantiene en alerta a las comunidades ribereñas. En Corrientes, se reportaron aproximadamente 500 evacuados y la proyección indica que el río podría superar los 7 metros frente a la capital. Aunque las autoridades advierten que lo peor podría estar por venir, los especialistas apuestan a que la situación aún puede evolucionar de forma adversa.

La pregunta que circula en despachos de economistas, productores y funcionarios es cuál será el impacto económico. En el centro de la discusión está la Hidrovía, la vía de salida para cerca del 80% de las exportaciones argentinas. Mientras organismos internacionales evalúan pérdidas, el agro —motor histórico de la economía— observa con cautela el desarrollo del fenómeno climático.

El Niño es, históricamente, la contracara de La Niña que desató la sequía en 2022/23. Aunque es razonable esperar mejoras de lluvias y humedad del suelo, no se puede perder de vista el costo de inundaciones intensas, que podrían afectar la producción, la cosecha y el transporte, además de generar demoras en obras en las ciudades más afectadas. Aun así, la lectura para la campaña 2027 es más optimista si se mantienen condiciones favorables.

Para el sector agro, el Niño suele traer alivios, ya que eleva precipitaciones y la humedad del suelo, lo que podría traducirse en rindes más altos. El economista Diego Picardo, jefe de la Fundación Libertad y Progreso, señaló ese “balance favorable” a nivel país, aunque advirtió que episodios extremos pueden provocar desbordes, pérdidas de producción y complicaciones logísticas que afecten la cosecha y el transporte de granos.

Estudios de EcoGo señalan que, en las 15 campañas con El Niño desde 1980/81, la soja terminó superando su tendencia en promedio un 6,1% y el maíz, 6,4%. Tomando una cosecha total de 115 millones de toneladas, la brecha frente a años de La Niña podría superar los 10 millones de toneladas.

Un informe reciente de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), citado por la consultora de Marina Dal Poggetto, proyecta para 2026/27 una cosecha de 155,8 millones de toneladas, unas diez por ciento menos que el récord de la campaña anterior. Aun así, esa cifra no incorpora aún el efecto del fenómeno: si soja y maíz se movieran como el promedio histórico de El Niño, podrían añadirse alrededor de 7 millones de toneladas. Se trata, en cualquier caso, de un rango aproximado y no de una proyección definitiva.

La BCR también señaló que la intensidad prevista de El Niño podría moderarse de “muy fuerte” a “fuerte”, lo que mantiene el tono optimista ante un escenario excepcional para la meteorología.

El riesgo central de este Niño, advierten los especialistas, no es la falta de agua sino su exceso y la frecuencia de eventos extremos. En la cuenca del Salado, entre otras, se observan antecedentes que alimentan la preocupación por impactos continuos en la disponibilidad de recursos hídricos y en la dinámica de las cuencas productivas.