El exministro de Economía Martín Guzmán firmó, junto al Nobel Joseph Stiglitz y a Laura Carvalho, directora en Open Society Foundations, un artículo publicado en Project Syndicate bajo el título Imitar a Milei perjudicaría a Brasil. En el texto, sostienen que un eventual triunfo de Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta brasileña podría allanar el camino a un modelo de ajuste, endeudamiento y mayor dependencia externa similar al que, según describen, aplica el gobierno argentino.

Los autores comparan las condiciones económicas de Argentina y Brasil. Señalan que el problema que llevó a Milei a asumir la Presidencia en Argentina fue la inflación, que cerró 2023 en 211%, mientras que Brasil, con una inflación de 4,2%, no debería importar recetas que generaron altos costos sociales y financieros en su vecino. Para Brasil, plantean, el desafío real pasa por mejorar ingresos y calidad del empleo, reducir las tasas de interés y aumentar la inversión, en contraste con el programa de Milei, centrado en equilibrio fiscal primario, un anclaje de precios basado en un retraso cambiario y una menor intervención del Estado.

El texto describe que la reducción del déficit en Argentina estuvo vinculada a recortes en infraestructura, ciencia y universidades, así como a la licuación de jubilaciones y salarios públicos a través de la inflación inicial. También cuestiona la reducción de impuestos para sectores de altos ingresos y los beneficios tributarios del régimen conocido como RIGI, con foco en actividades extractivas. Según el escrito, Brasil no podría replicar esa licuación inflacionaria del gasto porque su menor capacidad fiscal está fuertemente afectada por los intereses de la deuda, que rondan cerca del 8% del PIB.

En ese punto, Guzmán y sus coautores mencionan una promesa presidencial y cuestionan la narrativa histórica que la acompaña. Milei habría prometido que “la inflación mensual empezaría con cero a mediados de 2026” y planteó que, mientras tanto, la inversión se dispararía para reconducir a Argentina a una condición de potencia. Eso, señalan, se apoya en un mito nostálgico, al que añaden costos sobre la actividad y el empleo cuando la inflación comienza a bajar.

El artículo también pone en tela de juicio la viabilidad de la estrategia oficial: Milei habría sobreestimado la rapidez de la desaceleración inflacionaria y subestimado el daño a la economía y al mercado laboral. Si bien la inflación bajó, no se acercó a cero: la tasa interanual registrada es de 33,5%, y los autores dudan de la sostenibilidad del modelo de desinflación a mediano plazo.

Por último, el texto alude al papel del retraso cambiario y al financiamiento externo, recordando el acuerdo con el FMI vigente para 2025, como factores que, según ellos, contribuyen a disimular la dinámica inflacionaria. En ese marco, plantean que Brasil debe evitar replicar un esquema que podría terminar afectando la capacidad fiscal y el contexto social, y señalan la necesidad de priorizar políticas que fortalezcan ingresos, empleo y desarrollo de inversión.