La relación entre la televisión y el fútbol en Argentina nació de forma inseparable y, con el paso de los años, se fue fortaleciendo hasta convertirse en un marco clave de la vida deportiva y mediática del país. La televisión dio sus primeros pasos el 17 de octubre de 1951, y a apenas un mes de ese estreno ya había fútbol en la pantalla. El hito fundacional tuvo lugar el domingo 18 de noviembre de 1951, en el estadio Gasómetro, donde San Lorenzo y River Plate igualaron 1-1, con los tantos de José Maravilla y Santiago Vernazza, respectivamente.

En aquellos inicios, la tecnología era precaria: el envío se realizaba con tres cámaras y la retransmisión se hacía por canal 7, que todavía no contaba con más emisoras. El relato estuvo a cargo de Ernesto Veltri, con comentarios de Enzo Ardigó y Raúl Goro, y la dirección fue de Samuel Yakelevich. Entre el equipo técnico, un joven Nicolás del Boca trabajó como camarógrafo; años después se lo reconocería como el padre de la actriz Andrea. En esa ocasión, la transmisión llegó a un país con apenas alrededor de 1.300 televisores disponibles, lo que convirtió a esos espectadores en privilegiados para seguir el partido.

El año de aquel torneo inaugural incluyó una final decisiva en la cancha de San Lorenzo entre Racing y Banfield, con Mario Boyé anotando para la Academia. Ese partido se transmitió en directo, marcando una experiencia de visualización que quedaría para la memoria de los aficionados.

A lo largo de toda la década siguiente, la modalidad de transmisión en vivo se mantuvo como norma, aunque ya a comienzos de los años 60 surgieron críticas por parte de dirigentes de clubes, que sostenían que la presencia de la televisión podría restar público en las tribunas. El debate dio lugar a cambios y, en 1967, se produjo una reestructuración relevante en el fútbol argentino. Valentín Suárez asumió la presidencia de la AFA y promovió la creación de un segundo torneo de Primera División, el Nacional, que incorporaba equipos del interior, además del tradicional campeonato. Otra consecuencia fue adelantar para los viernes por la noche un partido para ser emitido en directo por canal 7, marcando un nuevo ritmo de programación y de consumo televisivo.

Estas decisiones de mediados de los sesenta representaron un giro profundo en la forma en que se organizaba y se veía el fútbol en Argentina, consolidando la doble vía entre espectáculo deportivo y medio de comunicación que, décadas después, se mantendría vigente en la era de las plataformas y las transmisiones globales.