El mes de octubre se celebra a nivel global como Octubre Rosa, una campaña promovida por la Organización Mundial de la Salud para promover la sensibilización, la prevención y el diagnóstico temprano del cáncer de mama, con el objetivo de mejorar las probabilidades de curación.
La doctora María Cecilia Arballo, ginecóloga y obstetra de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), especialista en Mastología y miembro titular de la Asociación de Mastología de Rosario, destaca que el cáncer de mama es una de las patologías más frecuentes en mujeres y que representa la segunda causa de muerte entre las enfermedades no oncológicas femeninas, por detrás de las cardiovasculares. Sin perder la esperanza, señala que el pronóstico es favorable si la detección se realiza en etapas tempranas: las probabilidades de curación superan el 90%.
Para asegurar un diagnóstico temprano, la especialista recomienda una consulta inicial a los 25 años con un ginecólogo o mastólogo, donde se evalúan el ritmo de vida y, sobre todo, los antecedentes familiares. Esta información guiará el seguimiento y la frecuencia de controles a lo largo de la vida de la mujer.
En la población general sin síntomas ni antecedentes, la pauta estándar indica una mamografía anual a partir de los 40 años. Es importante señalar que no existe una edad límite para suspender las revisiones; la indicación se ajusta a cada caso. Si hay antecedentes familiares directos, la edad de inicio se adelanta 5 años, por lo que las mamografías deben empezar a los 35 años.
La mamografía continúa siendo la herramienta de imagen más efectiva en la lucha contra el cáncer de mama, ya que es el único método diagnóstico por imágenes que ha demostrado reducir la mortalidad en un 40%. Su mayor valor reside en poder detectar lesiones muy pequeñas antes de que se palpen.
En ciertos contextos, se utilizan estudios complementarios. La ecografía se aplica como complemento de la mamografía, especialmente en mujeres con mamas densas, donde la sensibilidad de la mamografía puede verse reducida. Por otro lado, la resonancia magnética es un estudio de alta sensibilidad reservado para escenarios y poblaciones de alto riesgo; se indica, por ejemplo, en mujeres con mutaciones genéticas y otros grupos de alto riesgo.



