A pocos metros de la cancha de Racing flota una pintada que cita “asalto de calidad”, ironía sobre la promesa de Milito de un salto de calidad que todavía no llega. Ese gesto grafica el ánimo de socios e hinchas frente a una situación que se arrastra: Racing atraviesa un bache histórico tras años de altibajos nacionales e internacionales.
La llegada de Gustavo Costas, que llevó al club a ganar la Sudamericana en 2024, parecía haber encendido una esperanza. Sin embargo, la dirigencia decidió apartarlo cuando los resultados dejaron de acompañar. Costas nunca fue del gusto del presidente Milito, pero sus números terminaron imponiendo la ruptura. En palabras del momento, el club describió ese episodio como un día triste para todos los hinchas, reflejo de la preocupación colectiva.
Con la salida de Costas se vivió un proceso de desmantelamiento del plantel que, en la actualidad, dejó atrás a gran parte de los nombres que habían sostenido al equipo en competiciones recientes. Hoy, sólo quedan dos referentes claros: el arquero Facundo Cambeses y el delantero Adrián “Maravilla” Martínez. Deportivamente, Racing acumula un rendimiento pésimo: no participa en torneos internacionales y el panorama para la próxima temporada no se vislumbra mejor. En la tabla anual, la posición está por debajo de la mitad y lejos de los puestos de playoffs.
La derrota frente a Boca en la Copa Argentina fue el resultado que terminó de sellar la crisis reciente: Racing iba ganando 2-0 y terminó perdiendo 3-2, con el despido de Juan Pablo Vovjoda, un técnico que no había sido priorizado por los hinchas. En el Cilindro, la localía dejó de ser fortaleza: el rendimiento del equipo frente a Independiente mostró vulnerabilidad para sostener un triunfo, a pesar de haber salido adelante en el marcador, sin lograr ampliar la ventaja.
En la primera mitad, Racing dispuso de varias ocasiones para convertir, pero falló en la definición y en la revisión de jugadas. Independiente, por su parte, cedió ataques pero controló las pelotas divididas cuando la situación lo obligó. En el complemento, el desarrollo fue más desordenado: Racing apostó a ganar 1-0 y cuidar la mínima, mientras Independiente buscaba desnivelar sin asumir grandes riesgos.
Una victoria habría significado un nuevo impulso para la reconstrucción de Racing; en cambio, el equipo parecía caer en la inercia de una etapa de transición. Del otro lado, Independiente atraviesa décadas de crisis deportiva e institucional, sin presencia en torneos internacionales y con un andar que depende de resultados locales para sostener aspiraciones mínimas.
Para Independiente, el domingo próximo ante Boca se presenta como un examen clave: ganar podría significar festejo si se dan los resultados, pero perder ya desata los típicos símbolos de frustración de los últimos tiempos. En medio de ese panorama, la esperanza de volver a competir a nivel internacional sigue siendo, a esta altura, una “zanahoria” que parece distante.



