La lectura predominante es que el Ejecutivo logró capitalizar la aprobación de su decreto y marginó las protestas en gran parte del país, gracias a la acción policial en la Capital. Todo ello dejó una marca que dependerá de la actitud y la capacidad de la oposición para articular una respuesta que realmente golpee al oficialismo.

Este análisis parte, además, de lo que la Comisión Provincial por la Memoria registró como un operativo marcado por la presencia de decenas de agentes antidisturbios y un suministro notable de defensa y represión. Se contabilizaron al menos 550 personas afectadas, con más de 120 granadas de gas lacrimógeno utilizadas, y cientos de disparos con postas de goma y químicos. Por su parte, 16 integrantes de la propia Comisión recibieron impactos. Entre las víctimas figuran Laura Quispe, periodista de Telesisa, alcanzada por siete impactos de balas antitumulto en cadera y muslo, y Guido Piotrkowski, fotógrafo de Página/12, impactado en el pecho por una bala de goma.

Más allá de provocadores aislados, la grabación muestra con claridad la acción de infiltrados que, incluso portando máscaras antigás, atacaban a los efectivos situados tras las vallas frente al Congreso. En paralelo, Melisa Molina subrayó la eco de una propaganda en redes: la denominada patrulla digital, encabezada por Daniel Parisini, difundió un video generado con IA que satiriza a personajes como Caputo Toto y Santiago, además de El Hermano, en escenas de playa y casino.

No es novedosa, pese a su crudeza, la combinación de represión y el papel de actores virtuales vinculados a ciertos liderazgos políticos. Tampoco sorprende que una marcha multitudinaria carezca de una convocatoria unificadora y de liderazgos políticos claros. En definitiva, la conducción que logre superar la bronca y los reclamos dispersos podría marcar la diferencia: sin un paraguas organizativo sólido, la protesta corre el riesgo de diluirse ante la maquinaria de control.

Se plantea, como desafío, la posibilidad de crear una sede física de la protesta, similar a experiencias históricas de grandes movilizaciones, para coordinar adhesiones de referentes diversos y sumar artistas, comunicadores e intelectuales, en lugar de depender exclusivamente de marchas esporádicas que terminan en un círculo repetitivo de disparos, hydragentes y escenarios poco definidos.

En ese marco, surgen preguntas sobre qué formato podría hacerla más persistente y contundente: una estructura de dirección visible y estable que genere una acción central y de peso, disuadiendo, a su vez, a las fuerzas de seguridad.